Miserias de un pueblo que caduca

Fui al mercado a  comprar algunas cosas para pasar el fin de semana, ahora uno acá vive el día a día, hace rato que dejo eso en manos de otros, pero hoy decidí ir, realmente no me gusta ver lo que se ha vuelto mi pueblo, ahora sus calles sucias, mal olientes. Sobre todo en las aceras cercanas al mercado libre (mercado abierto de verduras, carnes y hortalizas), allí las venta de sardinas pequeñitas como el dedo índice en tobos, es lo que se ve y huele,  por el sol al parecer muchas se dañan y su olor es intolerable, la sardina es  lo más barato que se puede comprar, por eso prolifera.

Caminas y miras vendedores ambulantes por doquier, todo en mesas, café, azúcar, leche en bolsitas, de a poquito, la miseria se huele,  se siente,  muchos abusan y te quieren sacar los ojos por un producto, los llaman bachaqueros,  allí puede que consigas muchas cosas desde harina hasta la pasta dental, pero tendrás que dejar todo  tu sueldo,  es increíble como alguien se puede lucrar de la necesidad ajena, ellos son tan culpables como este régimen de lo que acá sucede.

Cuando vas caminando  te encuentras con  personas que te halan de la ropa para que le des dinero, sobre todo mujeres y niños,  si compras pan o comes algo, te piden que le des  porque tienen hambre,  más adelante gente revisando y comiendo de la basura.  Es indignante ver tanta pobreza, donde antes era un sitio de encuentro, la gente iba a verse allí, a comer con otros y a pasar el día comprando las cosas de la semana.

No soporté,  las lágrimas salieron solitas, lloré mientras caminaba, lloré por ellos, por mí, por todos, nunca había visto tanta miseria. Sentí demasiada tristeza, sentí rabia, y me dolió hasta la cabeza.

Siempre uso lentes oscuros, desde que pasé por la parálisis, no los he abandonado, creo que son parte de mí, aunque ya estoy bien,  la luz del sol me molesta.

Esos lentes oscuros no dejan ver que voy llorando, a través de ellos veo tantas cosas, al menos las personas no saben que las estoy viendo. Me pregunta la persona que me acompaña si me siento bien y le señalo con la cabeza que sí,  miento, porque si le hablaba seguro se me cortaría la voz, sigo caminando, me consigo con una gran cola y mi corazón se tambalea, es una cola inmensa para sacarse el carnet de la patria, otros están sacando la cédula para votar el 30, otros en la plaza bailando al ritmo de la canción de la constituyente,  eso también es una realidad,  entonces me digo, ¿será que nos merecemos esto?, mientras nuestros muchachos se pelean en distintas ciudades, sirven de escudos, mientras muchos de nosotros protestamos, otros van y se arrodillan al régimen.  Lo siento hoy estoy llena de impotencia. Además de unas semanas para acá la gripe no me suelta, la tristeza y la depresión han hecho estragos.

Vamos para cuatro meses de protestas, con más de 100 muertos, muchísimos heridos, detenidos y desaparecidos, aumentó la cantidad de presos políticos, aumentó el costo de la vida, aumentó nuestra miseria, aumentó la represión… Los venezolanos más de 7, casi 8 millones de voluntades,  en una muestra de democracia y civilidad, le dijimos a este régimen que no aceptamos su constituyente, que  queremos de regreso nuestras instituciones, pero como toda dictadura, porque las cosas hay que llamarla por su nombre, tiraniza lo que el pueblo le ordena, porque se olvidó que él es un simple empleado público, que si no hizo bien su trabajo debe ser cambiado, debe renunciar, porque el cargo le quedó grande y llevó al país a un profundo fracaso, a un despeñadero que solo en democracia  podremos sacar adelante.

Este escrito es solo para vaciar un poco ese sentimiento de “  No entiendo” que se me instaló en el alma. No entiendo que unas  personas por un rollo de papel, una pasta y un jabón pueden vender su alma al diablo, por una bolsita de comida, que a veces nos cuesta más de lo que ganamos y lo que trae apenas nos alcanza para una semana y llega mensualmente …

Solo resta decir : Jesús en ti confío…

Me queda seguir luchando por mí y los míos y confiar que más temprano que tarde saldremos de esta. Se está haciendo todo lo “humanamente“ posible y no soy quien para desvalorizar a todo aquel que hasta ahora ha aportado su grano de arena.

Solo me queda decirle Gracias a los luchadores y a aquellos que venden su alma, que Dios los agarre confesados.

Rosa Maria Moreno.