Penumbras.

Casi finaliza Agosto, amanece, se respira y se agradece. Como puedo me levanto en las penumbras de este día que apenas clarea, tanteando porque aún está oscuro, camino por la casa prendiendo los bombillos que aún quedan (que ya no son muchos) con los apagones  y la inestabilidad de la luz se han quemado casi todos y están bastantes costosos, al parecer se ha vuelto lujo comprarlos, porque o compras los bombillos o comes.

Penumbras, así vivo desde algunos meses, aprovechando el día para hacer todo lo necesario antes que oscurezca, soy cegata, así que la oscuridad ya comienza a ser mi amiga y me ando muy bien en ella, acostumbrándome a dónde están las cosas, tengo Glaucoma y ahora sin mis gotas, porque no hay , y si las consigo no las puedo costear. Hace rato que no coloco en mis ojos la gotita de todos los días. Me asusta la idea que me suba la tensión del ojo y me dañe la poca vista que me queda, pero en la vida a veces no hay opciones, y en este momento no las tengo,  entonces soy quien le ordena a mis ojos que sanen, que no desmejoren, que me sigan acompañando para poder leer y escribirles.

Y este mes ha sido tambaleante, no les niego que estoy asustada, pero lo he sobrellevado bien,  hasta tembló, pero yo batía unas panquecas  y no lo sentí, solo vi como sonaba la ventana de la cocina y le puse la mano para parar el sonido, mientras en los cuartos salían gritando que la cama se les  movió y que las paredes temblaron.

Tembló también en la economía de mi país y sigue temblando en nuestras vidas, futuro incierto, mis coterráneos siguen saliendo en borbotones de mi país y muchos a pie, algunos “regresan” otros pues siguen pasando penurias, casi ahogado por los ríos, hay inundaciones en gran parte de nuestro país, Ciudad Bolívar, Amazonas, Apure y zonas aledañas. La naturaleza también nos doblega.

Es raro que acá nada tenga concordancia, algunos hacen compras nerviosas, otros se alegran por los bonos, otros dicen que todo cambiará para bien, lo cierto es que se nos obliga a carnetizarnos, porque los que no tengamos carnet pues simplemente dejaremos de existir para el estado. Simplemente tomé una decisión y es que mi dignidad no se negocia, es una decisión que por supuesto traerá las consecuencia de no existir, pero no he luchado tanto para morir en la orilla, respeto eso si, a quien lo haga, el humano desde que el mundo es mundo vino a ser un sobreviviente. Así que no los juzgo.

Decidir quedarse en el barco, decidir seguir escribiendo esta bitácora hasta que se pueda, sigo viviendo, dándome mis gustos de vez en cuando , se trabaja mucho y se brega más para poder acceder  a las cosas más necesarias, he tenido ayuda y eso se agradece, sin esas personas no habría podido continuar, a ellas gracias por estar.

Agosto vino con todo… Septiembre quien sabe que traerá… noticias abundantes, Venezuela es un país muy noticioso, quisiera que fueran buenas pero hasta ahora hasta la naturaleza ha puesto su granito de arena.

Pido disculpas a todo aquel que me lee de otras naciones por los Venezolanos que no han sabido agradecer el hospedaje y la buena voluntad, pero también pido respeto y comprensión para los que hoy emigran y son gente buena, estudiada y preparada y que solo busca una mejor opción para vivir. Ayuda , comprensión y por favor no dejen que la xenofobia arruine a más personas, solo van a buscar un mejor futuro y si sé que algunos no merecen oportunidad por su proceder , pero todos no somos así y Venezuela ha sido receptora de mucha gente de todos los países que vinieron acá a hacer vida, con quienes compartimos a diario desde que tengo uso de razón, el mercadito de los chinos, la zapatería y la tiendita del árabe, el negocito del colombiano dónde venden las verduras o la ropa interior, la panadería  y la carnicería del portugués, el restaurant del español  donde se come rico y pare de contar. Nosotros les hemos dado cabida a peruanos, a ecuatorianos a chilenos, hemos compartido con tantos, en mi vida recuerdo a el árabe que llegaba con las sábanas y mercancía a casa y nosotros con café y charla recibíamos, no eran solo el que nos vendían las cosas, eran y siguen siendo nuestros amigos y mira que tengo 48 años y crecí viéndolos , ya muchos no viven en Venezuela, se han ido, como todos aquellos que un día nos acompañaron, ojalá reciban con agrado a los venezolanos como ellos fueron recibidos en su día.

Les pido presten ayuda a los inmigrantes, nosotros no estamos acostumbrados, apenas estamos aprendiendo a llevar tanganazos de la vida. Éramos un país inocentemente feliz  y que no teníamos ni idea de eso que nos está sucediendo, me llaman dramática muchas veces por contar las cosas como las siento. Pero lo que no se dice se queda atragantado y enferma.

Esta es mi bitácora de Agosto… en penumbras seguimos y cuando llega cada día, agradezco la luz, porque solo aquel que no tiene las cosas se da cuenta de lo importante que son. Solo aquel a quien le falta algo se da cuenta lo que algún día le sobró.

Gracias, seguimos en esta sombra entre la Luz y la Oscuridad… Penumbras.

 

“Me gustan las personas que son como calles donde se camina en libertad, sin miedo, aunque no haya luz en los faroles.”  Se lo leí a Arena.

Gracias mis farolitos

 

 

El conejo encerrado

 “Una mañana nos regalaron un conejo de Indias. Llegó a casa enjaulado. Al mediodía, le abrí la puerta de la jaula, volví al anochecer y lo encontré tal como lo había dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad.” (Eduardo Galeano)

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Una mañana nos regalaron la libertad, nos abrieron los ojos, nos despertaron el corazón, nos reconciliaron con la vida, nos hicieron caer en la cuenta de que el cielo y el sol eran nuestros, de que todos los hombres y mujeres éramos hermanos y hermanas, de que la tierra es firme y el cielo es azul.

Complejos de años desaparecieron, prejuicios se esfumaron, miedos huyeron, cadenas y barrotes y cerrojos cayeron de un golpe seco sobre el suelo frío del calabozo.

Había llegado el día con el que tanto habíamos soñado. Se había colmado el calendario arañado a rayas en las paredes de la cárcel.

Se abrió la jaula y se hablaron el aire de dentro y de fuera que eran uno.

Pero el conejito de India no salió, quedó acurrucado en el rincón más lejano a la puerta, aún se le había hecho el calabozo más pequeño, pues no se atrevía ni a acercarse a la puerta por miedo a salir.

Temía el espacio abierto, temía el mundo incógnito… Temía la libertad… Estaba pidiendo con su postura encogida y mendicante que volvieran a cerrar la puerta para sentirse seguro, que lo protegieran con los barrotes, que le echaran el cerrojo, que le dieran la comida programada a la hora establecida, que limpiaran la jaula con cuidado y apagaran a tiempo las luces. quería seguir viviendo como siempre había vivido.

La seguridad seduce y engaña. ¡Quédate donde estás! ¡No cambies! ¡No abras la puerta! Y de ser posible, ni la ventana.

Que no entren aires nuevos, que no se oigan ruidos extraños. Una idea nueva es la mayor amenaza. El riesgo de la aventura paraliza al conejito de Indias. También paraliza la mente, la imaginación, la voluntad de quien no quiere arriesgarse y por ello no quiere pensar. El deseo de seguridad puede ser tan grande que llegue a justificar la cárcel.

El conejito no quiso salir.

Cárcel de pensamiento… Barrotes de costumbre… Cerrojos de rutina… Tanto más peligrosos cuanto más invisibles. Tanto más esclavizantes cuanto más tiempo llevan.

El conejo de Indias había nacido en cautividad, no conocía campos y prados, no sabía la alegría de perderse entre la hierba, de saltar matas, de buscar compañía, de saberse miembro y amigo de otros como él.

Solo conocía la seguridad monótona del piso cuadrado de su celda… Pequeña soledad de paredes iguales… Y allí prefería seguir antes que lanzarse a la selva de ruidos que sonaba de lejos. ¡Por piedad, dejadme en mi rincón…!

Allí te dejaremos, conejito querido, si así lo quieres… No te desterraremos a un mundo hostil, si no estás preparado para él.

Te cuidaremos y guardaremos mientras quieras… No te empujaremos a salir por la puerta abierta.

Pero sí aprenderemos de ti la lección de nunca acostumbrarnos tanto a los barrotes que cuando los quiten no queramos salir.
Carlos Gonzales Vallés.

 

Ella

Ella es voraz y veraz, dos virtudes
que amo y que son mucho más que
un juego de palabras.
Ella vuela, con las piernas abiertas,
y me lleva tan alto que hace tiempo
que perdimos el miedo de caernos.
Ella me hace sonreír, incluso cuando
no toca. Y cuando toca, toca rugir
y celebrarlo a carcajadas.
Ella es un misterio de seda,
un escándalo de tejados no apto para
propensos a marearse en las alturas.
Verla comer con apetito de náufrago,
oírla reír o gemir como mil primaveras,
saborearla hasta el exceso.
Tocar, de su misterio, el terciopelo.
Que, de repente, le de un ataque de
amor y se vuelva el koala más sexy
de esta selva.
O que te mire como ella mira, te vea
guapo y se te borren de la cara todas
las derrotas reales o imaginarias.
Cuando se agarra a mí como a un
tablón en alta mar. Y en realidad
me está salvando.
No sé por qué le llaman polvo,
si con ella es luz y fuego y aire,
y la tierra queda siempre tan abajo.
Ella está hecha de un material tan
especial, que te cambia la vida
cuando la tocas.
Abrazarla desnuda es como bailar
en el aire, sin más música que la
que vamos improvisando al respirarnos.
Abrazarla, desnuda, es remar contra
el tiempo y ganarle.
Ella tiene un sólo defecto: Yo.
Y hasta eso le queda bien.

Autor: Carlos Salem

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