Un viaje al pasado.

 

 

Cuando papá nos decía: nos vamos de vacaciones a la playa en una semana, comiencen a alistar, la algarabía que sentíamos no era nada normal, corríamos de un lado a otro como unos locos, recogiendo lo mejorcito que teníamos en ropa de playa, nuestros trajes de baños primero y si no nos quedaba, salíamos de compras a Maracay y la lista iba desde trajes de baños, pareos, sandalias, cremas para peinar para cabellos rulos, protector solar, paños, qué tiempos aquellos dónde comprar no era un problema, y donde todo era felicidad.

A mi mamá no le gustaba mucho la playa, ella iba para cuidarnos y acompañarnos, pero no disfrutaba del mar ni del sol. Ella no se entusiasmaba tanto como papá, claro a ella le tocaba el trabajo rudo, arreglarnos casi todo y llevar todo de la cocina, las cosas de limpieza, lo de los baños, las hamacas, los colchones inflables, sábanas, ollas, era un total trajinar.

El día que tocaba montar los bolsos en el carro eso si era un problemón, cada uno llevaba lo suyo y por supuesto siempre hay quien quiere llevar más y las cosas no cabían, llevábamos en la maleta, en los asientos, en las piernas.

Eran vacaciones de más de quince días pero parecía que nos mudábamos, papá decía no llevo un camión por favor, sobre todo a mí, porque siempre llevaba todo de más, abrigos para mí y para todos, trajes de baños por duplicados por si a alguno le hacía falta, sabanas y paños de más, llevaba lo mío y un por si acaso alguien necesitaba, por supuesto, siempre alguien necesitaban, y bueno salía del maletón que yo llevaba.

Recuerdo metíamos muchos enlatados, diablitos, queso para untar, mucho sándwich, galletas en la cava, refrescos, bebidas achocolatadas, Nestea … pensábamos en la facilidad y en cocinar poco.

La emoción de recoger para el viaje… todavía lo recuerdo. Papá tan contento y tan regañón, pero feliz de llevarnos a pasear, porque si algo tiene él, es que nos llevó a viajar por Venezuela todo lo que pudo en su carro que siempre tenía un problema  y se accidentaba, y nos decía: bájense a estirar las piernas, ya nosotros sabíamos que era que estaba accidentado y tendríamos que esperar que él lo arreglara. Siempre lo hacía y nunca nos devolvimos.

Montábamos todo aquel perolero en el carro, salíamos de madrugada. Ese día todo el mundo se levantaba solito, nadie ponía peros, dormíamos con los trajes de baños puestos…¡Dios, cuanta alegría aquella!. Nos despertaban y ya mi mamá tenía panes preparados, arepas con queso amarillo y jamón, café negro y con leche, todo eso lo montaba en el carro dónde ella iba y por camino nos iba dando. Nos llevaba también galletas, nos compraba empanadas, jugos, ¡como pedíamos!  como éramos cuatro cada uno tenía su gusto, tengo una hermana que es muy delicada y no le gustaba que nadie la tocara, ja ja ja entonces peleábamos mucho por el camino y solo veíamos venir el brazo de papá a darnos un tatequieto y con un grito nos calmaba porque peleábamos demás.

Empezaba el  recorrido, y  en cada gasolinera nos bajábamos al baño, comprábamos dulces y lo que se nos ocurriera. Yo siempre compraba un librito, una revista, un sca letras, algo para leer, y frutas, casi siempre mandarina y cambur.

Soy la mayor, la más grande, la que impone orden y da el ejemplo, siempre me tenía que portar bien y andaba cuidando a mis hermanos, siempre con Euddy  la más pequeña agarrada de la mano, y encima de mi dormida todo el camino. Mi hermana luz la intocable, siempre brava, calladita o peleando conmigo por cualquier cosa, Manuel el más pequeño siempre iba comiendo y al lado de mi mamá.

Lo que más me asustaba era la carretera de Puerto La Cruz en el estado Anzoátegui, rumbo al  estado Sucre,  el camino está lleno de curvas,  y cuando llueve es peligroso además la montaña crece de un lado y el mar aparece por el otro, farallones  y montañas son una constante.

No nos despegamos de la ventana viendo ese mar azul, verde precioso. Y esperando ver que apareciera la loma donde estaba ubicada la casa.

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Cuando llegábamos a aquella loma, después de 6 a 8 horas de camino, como el carro llevaba tantas cosas siempre teníamos que bajarnos y seguir un pedacito a pie, cuesta abajo, por supuesto lo hacíamos corriendo desesperados por llegar. Ver ese mar inmenso, ya desde que empezábamos a ver playas era felicidad, papá nos bromeaba, quien mire primero la playa se gana algo ( les relato la historia y mi corazón se encoge) bajábamos corriendo y aquel azul del mar era impresionante, esa brisa, yo me moría de la felicidad, corríamos sabíamos que ese día sería de limpieza, la casa a veces duraba un año sola, pero eso no nos importaba, limpiar era lo de menos, había que bajar las cosas, ir a comprar agua, barrer, limpiar, lavar los baños, limpiar la cocina, tragar polvo, las maletas esperaban afuera mientras limpiábamos el cuarto dónde guardábamos todo, era lo primero que limpiábamos, siempre tenía abejas, eso a veces era un polvero que daba miedo, pero no importaba, al llegar el agua que nos tocaba comprar , lavábamos el piso y hacíamos todo, pero corriendo, para que nos diera tiempo de bajar a la playa. Cuando ya todo estaba listo y limpio, mi mamá y papá bien cansados, a eso de las 5 de la tarde, nosotros les decíamos para bajar y papá nos llevaba, cansado como estaba, ese día solo sería una hora antes que se metiera el sol, yo corría a bañarme de una, era tan feliz, ver la puesta de sol con papá, sentaditos en la arena, cansados pero felices, para luego subir como 150 escalones porque la casa de playa quedaba en una colina. Pero valía la pena. Luego llegar sacarnos el agua salada, cenar, meternos en nuestras hamacas, ver televisor y quedarnos dormidos hasta las 6 de la mañana, cuando de nuevo estábamos en pie para volver a bajar a la playa. ¡Qué días aquellos! Siempre terminábamos insolados, así mi mamá nos cuidara, es que nos gustaba demás la playa, aún nos gusta. Eran los quince días más felices del año aunque regresáramos negritos y manchados por el sol.

Hoy en mis recuerdos regresé  a ese lugar dónde fui tan feliz. Los altos de Santa Fe. Estado Sucre.

¡Necesito regresar!

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6 comentarios sobre “Un viaje al pasado.

  1. Que tierno y emotivo relato mi querida Rosa María, debo confesar que he llorado de nostalgia al leerlo, pues encontré tantas similitudes, tantos recuerdos parecidos de mi lejana infancia. Son recuerdos imperecederos que conservo en mi mente y en mi corazón con la plena certeza que nunca volverán, al menos en esta vida, pero aún así los guardo en mi corazón como uno de los más grandes tesoros de la historia de mi vida: los viajes familiares durante mi niñez con toda la familia, a la playa (como el tuyo) a la montaña o al llano; todos con sus propias características pero todas siempre placenteras y gratificantes como para recordarlas con los ojos empañados de una mezcla de alegría y nostalgia… que tiempos aquellos tan especiales… lo daría todo por regresar a aquellos días de plena felicidad.
    Gracias querida amiga por alegrar mi exigua existencia con tan hermoso relato de tu infancia y el cuál me ha dado unos momentos de felicidad.
    Recibe mis cariños y abrazos de luz querida amiga.
    Muchas bendiciones.

    P.D. yo también fuí el mayor de mis hermanos y de igual manera en esas paradas siempre compraba alguna revista o historieta para ir leyendo. Ah y los juegos con mi papá sobre la geografía, la flora, la fauna y con las placas de los vehículos eran de común y acostumbrada participación en cada viaje… Gracias Papá…
    Gracias Rosa María, TQM ❤

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    1. Tantos recuerdos Víctor, tanto que relatar, si teníamos una hermosa vida, llena de todo lo que ahora nos falta, en ese entonces JAMÁS nos pasó por la cabeza que a esta edad tuviéramos tantas carencias, que ojo solo son materiales, porque lo que aprendimos, tuvimos y quisimos nadie no los quita, ¿Quien nos quita los bailao? Un abrazo inmenso y gracias por estar también TQM.

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  2. Reblogueó esto en SER+POSITIVOy comentado:
    Que tierno y emotivo relato de mi querida amiga Rosa María, debo confesar que he llorado de nostalgia al leerlo, pues encontré tantas similitudes, tantos recuerdos parecidos de mi lejana infancia. Son recuerdos imperecederos que conservo en mi mente y en mi corazón con la plena certeza que nunca volverán, al menos en esta vida, pero aún así los guardo en mi corazón como uno de los más grandes tesoros de la historia de mi vida: los viajes familiares durante mi niñez con toda la familia, a la playa (como este) a la montaña o al llano; todos con sus propias características todas siempre placenteras y gratificantes como para recordarlas con los ojos empañados de una mezcla de alegría y nostalgia… que tiempos aquellos tan especiales… lo daría todo por regresar a aquellos días de plena felicidad.
    Gracias querida amiga por alegrar mi exigua existencia con tan hermoso relato de tu infancia y el cuál me ha dado unos momentos de felicidad.
    Recibe mis cariños y abrazos de luz querida amiga.
    Muchas bendiciones.

    P.D. yo también fuí el mayor de mis hermanos y de igual manera en esas paradas siempre compraba alguna revista o historieta para ir leyendo. Ah y los juegos con mi papá sobre la geografía, la flora, la fauna y con las placas de los vehículos eran de común y acostumbrada participación en cada viaje… Gracias Papá… Gracias a la vida.

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