La aldea.

20 de diciembre, amanece y seguimos en esta agotadora jornada que es vivir en Venezuela, el cansancio supera, si bien es cierto uno hace de tripas corazón para continuar, una gripe de más de un mes me hace compañía, he tomado cualquier clase de menjurje, remedios y sigo con esta tosecita fastidiosa, defensas bajas dicen, cansancio digo yo, extenuación total.

Navidad y nada que ver con otros años, muchos intentan alegrar sus hogares, pero que va, la felicidad se transparenta, tenemos demasiadas preocupaciones como para poder ser felices, el solo hecho de no poder acceder a lo primordial te desencadena el miedo, miedo a no poder, miedo a que de verdad te quedes en el camino, y sé que a pesar de todo estoy bien, estoy blindada, con los mejores familiares y amigos, eso se agradece.

El país fluye entre el dolor de las pérdidas, ya sabemos que por migración o muerte. Se han ido tantos, es casi que imposible en cada hogar no percibir una ausencia, percibir la tristeza de un diciembre tan terrible y desolador como este, tenemos carencias pero nos apoyamos unos a otros e intentamos seguir con nuestras tradiciones que poco a poco las han ido socavando la cuerda de ineficaces que manejan este país.

Los que nos quedamos somos testigo de la depauperación total de nuestras vidas, nos han llevado a sentirnos socavados ante tanta ignominia, cansados, agotados. Esclavos de un sistema que muchos NO escogimos y en el que jamás creímos.

Estar enfermos y no poder acceder a los medicamentos cuenta como morir de mengua. Asusta y mucho nuestra situación, a esta hora les escribo con un bombillo de 60w que pude adquirir porque el otro es más costoso, las luces cada día más opacas y dirían por allí “al menos tienen luz”, hay que agradecer el poquito de agua que mandan, la caja de comida y la mala calidad de todos los servicios. (Al escribir esto mi molestia es infinita)

Vivir en este país es reinventarse, es sostenerse bien de las raíces de ese árbol que es jalado hacia el precipicio, es intentar no caer en el desaliento y la desolación, es no morir en el empeño. Cada día más desgastados, desalentados y deprimidos, ellos juegan a vencernos por el cansancio. La realidad supera.

Navidad encendida con luces de desolación, lágrimas y tristezas. Mis emigrantes los abrazo como nunca, y espero que puedan conseguir un poco de felicidad en donde se encuentren, hagan bien y no miren a quien y den la talla, dejen nuestro nombre en alto, no todos somos malos, no todos somos unos sinvergüenzas, no todos estamos tocados por la maldad del socialismo, pásenla bien dentro de lo que significa la peor época de nuestro país. Ustedes serán mejores, y si algún día regresan lo harán preparados.

Este animal voraz que es el comunismo arrasa y acaba con las naciones que toca.

Navidad llegas… las ausencias se sienten. Es insoportable sentirse tan impotente y ver unos contra otros y enterarse que la codicia pudo más que sus ganas de libertad. Vendieron su alma al diablo. Y eso se paga.

Otro día les escribo bonito, otro día me lleno de amor, otro día despierto con ganas de hacer un poema, hoy no… hoy solo siento que mi paz se la están robando, siento que estamos en ese precipicio al que tanto le tenía miedo.

 En mi cuento llegó el lobo, se comió a mucha gente, acabó con la aldea,  los leñadores y hombres “fuertes” que podían hacer algo se dieron la mano con él, nos traicionaron. Violentaron nuestras vidas, acabaron con la aldea, violaron nuestras voluntades…  El cuento no ha terminado y solo lo hará cuando la aldea se vuelva a levantar, pero no sé si es muy tarde, viendo la situación de los que aún quedamos. Esperanza es una palabra que hace llorar, pero que tranquiliza, guardo un poco para no morir de tristeza, viendo como el cuento acaba y no es un final feliz… Final de un 2018 que deja mucho que desear.

Quizás luego pueda escribirles algo bonito digno de la navidad. En Venezuela no se siente. La tristeza abarca nuestras calles y avenidas el Grinch hizo su trabajo perfectamente.

Los abrazo fraternalmente y les pido que en cada hogar pidamos por la paz y la libertad de Venezuela.

Y de modo propio les deseo unos hermosos días, lleno de amor por los suyos.