Te honro Vivina.

Nunca supe tu nombre real sino hasta el día que tuve que colocarlo en el acta de defunción y vi tu cédula, Sara Herminia López te llamabas, pero te decían Vivina, ese fue el nombre que conocí desde siempre y así te llamábamos.

Los demás te veían complicada abuela, pero para mí eras especial, ir de vacaciones a tu casa, si a esa casa muy humilde, dónde faltaban cosas, pero no amor hacia mí. Que carácter el que te gastabas, a veces te hacían molestar solo para verte brava y escucharte. Tu amor por mí siempre fue infinito, me soportabas todo, hasta que me comiera los helados que hacías para vender y que luego se los cobrabas a mi papá, me mecías en tu bata, me peinabas, recuerdo tu olor, te gustaba untarte mentol para una tos perenne que siempre tenías porque eras fumadora,  recuerdo tu voz, recuerdo tu risa, recuerdo tus cabellos blancos, desde que tuve uso de razón eras la misma, no te vi más vieja, ni más arrugada, siempre fuiste así, delgadita, con tus cabellos largos y trenzados al final con un pedazo de tela, tus vestiditos hechos a tu medida y sin botones, para no tener que abrochar, porque te fuiste quedando ciega y no nos dijiste. Yo llegaba y te desordenaba todo sin saber que te movía el mundo. Que necia que soy. Te adaptaste a tantas cosas, pasaste por tantos dolores, sufriste tantas inclemencias y dolor, que lástima que yo era tan niña en ese momento para entenderlo, siempre de medio luto por un hijo que perdiste, mujer fuerte, fuiste un emblema en mi vida, mamá nos enseñó a respetarte, tú me enseñaste a quererte.

Mis viajes a tu casa eran felicidad pura, creo que dejé el ombligo en tu casa, cuando llegaba a aquella intersección del camino mi corazón se alborotaba, lo pienso hoy y siento todo eso como si fuera ayer, veía aquel poco de árboles, aquellas dos calles, aquella entrada a ese pueblo, que me gustaba de verdad, esperaba con impaciencia ver la plaza, luego esa calle y esa casita con esas piedras inmensas en el frente, dónde me caí tantas veces, y dónde jugaba a más no poder brincando en ellas, allí en esa casa tuve muchas horas felices, me gustaba ir contigo de vacaciones, era libertad correr por esas calles arenosas descalza, era brincar en todos esos árboles y comer ciruelas y cerecitas, era el café de las mañanas, el olor de tus comidas, esa sopa de lagarto que hacías tan deliciosa, era el olor a mandarinas, a limón, era comer mucho aguacate, aquella puerta dónde siempre te encontraba sentada, aquellas ventanas de maderas por dónde entraba el niño Jesús, aquellos cuartos, aquel patio,  era …  eras todo eso y más, me gustaba que me llamaras tu catira bella, me vieras ahora tengo el cabello negro canoso, sé que tenías un carácter fuerte, pero no para mí, conmigo fuiste especial, cariñosa, siempre me abrazaste, siempre me diste amor, siempre me quisiste, esos días antes de irte , tuvimos dos días para conversar, cuando llegamos estabas grave y aun así tuviste una mejoría solo para hablar conmigo, nos dijimos tantas cosas, me dijiste tantas cosas, nuestra despedida abuela, tu apenas podías soportar tu cuerpecito, eras tan delgada pero pesabas, te sentaste para abrazarme y así quedamos por horas, tu encima de mi hombro recostada, llorando y diciéndome cuanto me querías.

Tú despedida fue una de las cosas más fuertes que me han sucedido en la vida, ayudarte a partir, y saber que tuve la oportunidad de escucharte por horas antes de eso, sabes siento la tranquilidad de saber que estuve contigo.

Abuela te recuerdo con amor, con agradecimiento, te recuerdo como la mujer aguerrida y fuerte que eras, te doy las gracias por darme a la mejor madre del mundo, tan aguerrida como tú. Gracias, dónde quiera que te encuentres. Hoy te recuerdo.

Vivina López te Honro.

Vivina López  te amo. Gracias.

La emoción de las cosas.


Un extracto bastante motivador que me fue compartido y me encantó entonces quise compartirlo también con ustedes, espero lo disfruten

” Yo… Me comprometo a vivir con intensidad y regocijo, a no dejarme vencer por los abismos del amor, ni por el miedo que de éste me caiga encima, ni por el olvido, ni siquiera por el tormento de una pasión contradecida.

Me comprometo a recordar, a conocer mis yerros, a bendecir mis arrebatos.

Me comprometo a perdonar los abandonos, a no desdeñar nada de todo lo que me conmueva, me deslumbre, me quebrante, me alegre. Larga vida prometo, larga paciencia, historias largas.

Y nada abreviaré que deba sucederme, ni la pena ni el éxtasis, para que cuando sea vieja tenga como deleite la detallada historia de mis días”

Por : Ángeles Mastretta

 

Me estoy poniendo viejo.

– Te estás volviendo viejo -me dijeron-, has dejado de ser tú, te estás volviendo amargado y solitario.
No, respondí; no me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo sabio.
He dejado de ser lo que a otros agrada para convertirme en lo que a mí me agrada ser, he dejado de buscar la aceptación de los demás para aceptarme a mí mismo, he dejado tras de mí los espejos mentirosos que engañan sin piedad .

No, no me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo asertivo, selectivo de lugares, personas, costumbres e ideologías .
He dejado ir apegos, dolores innecesarios, personas, almas, y corazones, no es por amargura es simplemente por salud.
Dejé las noches de fiesta por insomnios de aprendizaje, dejé de vivir historias y comencé a escribirlas, hice a un lado los estereotipos impuestos, dejé de usar maquillaje para ocultar mis heridas, ahora llevo un libro que embellece mi mente.
Cambié las copas de vino por tazas de café, me olvidé de idealizar la vida y comencé a vivirla.
No, no me estoy poniendo viejo.
Llevo en el alma lozanía y en el corazón la inocencia de quien a diario se descubre .
Llevo en las manos la ternura de un capullo que al abrirse expandirá sus alas a otros sitios inalcanzables para aquellos que sólo buscan la frivolidad de lo material.
Llevo en mi rostro la sonrisa que se escapa traviesa al observar la simplicidad de la naturaleza, llevo en mis oídos el trinar de las aves alegrando mi andar.
No, no me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo selectivo, apostando mi tiempo a lo intangible, reescribiendo el cuento que alguna vez me contaron, redescubriendo mundos, rescatando aquellos viejos libros que a medias páginas había olvidado .
Me estoy volviendo más prudente, he dejado los arrebatos que nada enseñan, estoy aprendiendo a hablar de cosas trascendentes, estoy aprendiendo a cultivar conocimientos, estoy sembrando ideales y forjando mi destino.
No, no es que me esté volviendo viejo por dormir temprano los sábados, es que también los domingos hay que despertar temprano, disfrutar el café sin prisa y leer con calma un poemario.
No es por vejez por lo que se camina lento, es para observar la torpeza de los que a prisa andan y tropiezan con el descontento.
No es por vejez por lo que a veces se guarda silencio, es simplemente porque no a toda palabra hay que hacerle eco.
No, no me estoy poniendo viejo, estoy comenzando a vivir lo que realmente me interesa.

Víctor Hugo

Hermoso poema de Víctor Hugo

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Sapo. Príncipe ni a besos.

Había una vez

Una Princesa, mujer, muchacha, que vivía en castillo, casa, rancho, que  se enamoró de un sapo, que de verdad era sapo, no tenía nada de príncipe, porque ni que lo besara en él se convertía, pero el sapo si se lo creía, andaba por el mundo estafando princesas que creían en  cuentos de hadas, para que lo besaran, el sapo como todo sapo, era feo,  pero tenía en su haber que sabía croar, además de sus grandes habilidades para cazar moscas y  sus sucias maneras de embaucar.

Un día…

(Dicen que cada sapo tiene su sapa)

A este se le apareció una sapa, que no era tan fea como él, ni tan mala, ni tan torpe, pero mañosa, que le dio la enseñanza de su vida, jugó con sus mismas cartas, le dio de su mismo caldo, croaba que daba gusto, y era de una inteligencia que ni te cuento, aunque es un cuento.

Cuenta la leyenda  que han visto al sapo croando,  más solo que la una, la sapa lo dejó vestido y alborotado, se la pasa croando y croando, porque le hace falta la sapa aquella, que no era sapa y que al final si se convirtió en princesa no tan bella y consiguió un príncipe que no era tan príncipe, pero al final no era sapo y eso cuenta.

Perdón esto no es una historia, solo es un cuento manipulador de unos sapos y su traición.

Feliz año querido lectores, que les sea productivo #seguimos, no ha sido los mejores días de enero, pero continuamos  a los 14 días del 2020 puedo decirles que sigo respirando y tomando fuerzas para sobrellevar este año que a todas muestras sé que habrá que ponerles muchas ganas y esfuerzo. Un abrazo. Espero les guste el cuento que no es tan cuento… Besos.

Risas …

Ilustração em vetor de sapo em uma rocha. - ilustração de arte em vetor