No pasa nada

Abro los ojos. Pienso que será más de medianoche.

Me levanto de la cama con mucha modorra, abro la puerta, trato de acostumbrar mis ojos a esa oscuridad penetrante, sigo por el pasillo a tientas, siento un aire frío, la ventana está cerrada, sigo hacia la cocina, voy por un vaso con agua, siento que me observan, veo en el microondas la hora, marca las tres y media, la hora del muerto.

in the dark                                                                                                                                                                                 Más

Siento de nuevo esa corriente helada en la piel, me erizo, abro la nevera tomo agua, cuando volteo veo un celaje blanco, lo sigo con la vista, me hielo de pies a cabeza, cuando me percato, veo con el rabillo del ojo que en el mueble que está a mi derecha hay alguien sentado, trato de no mirar, mi vista es curiosa, de nuevo, los pelos parados y esa sensación de miedo en el estómago, trato de moverme, trato de gritar, pero no me sale la voz, no me puedo mover, poco a poco intento mover mis ojos hacia el bulto que está en el mueble, veo a un señor muy viejo con sombrero, vestido de blanco grisáceo, que me mira como preguntándome algo, luego sale volando a una esquina y se queda en cuclillas, me asusto mucho, pero sigo petrificada, respiro, me calmo, tomo aliento y lo miro, me habla…

– Buenos días señorita que hace usted tan temprano levantada. Desaparece…

No pasa nada, me dije, agarré fuerzas y corrí. 

Rosa Maria Moreno.

Ánimas, aparecidos o simplemente advertencia

Era un mes de Enero.  Habían fiestas en un caserío que llaman Paso Pelao,  no conocía ese caserío, ni muchos menos el camino que me llevaría hasta allá, el Negro, mi cuñado, compañero de aventuras, a quien con los ojos cerrados le digo que si cuando me invita, pues nos vino a buscar, sé que lo que inventa casi siempre será un aprendizaje para mí, así que me preparo, meto abrigos, el agua para la niña, una cobija, porque en ese entonces estaba pequeña, y me dispongo a salir, no  sin antes leerles la cartilla, a Tom y a él, a la que nunca le paran, por cierto.

  • Vamos a ir , pero no beban mucho.
  • Andamos con niños, recuerden.
  • Regresamos temprano.

(Ellos risa y risa…)

  • Si Rosa,  seguro, nos portaremos bien vale, tenemos todo fríamente calculado.

(Sé que no), pero como me gusta conocer sitios y lugares, pues les sigo la corriente.

Nos viene a buscar en una camioneta, me monto adelante con la niña, todos los demás atrás, ya eran más de las 6 de la tarde ( pensaba que el sitio quedaba cerca)  llevo a Rose en mis piernas abrazada, al lado va mi cuñada con mi sobrino. Comenzamos el viaje, rumbo Ortiz.

Me le quedo mirando fijamente, como preguntándole ¿para dónde nos llevas?, me ve y me dice:

– Ya vas a ver para dónde vamos, allí hay joropo trancao, bailadera, cerveza, toros coleados, nos vamos a divertir Rosa, despreocúpate.

Le contesto: – No me gustan los toros coleados lo sabes, ni a Rose tampoco.

(Pero siempre doy el beneficio de la duda)

– Se van a divertir, lo sé, vamos para que conozcas, sé para dónde los llevo.

Me miró y sonrió, con esa sonrisa que tiene para hacerme sentir segura, entonces me acomodo y me propongo a pasarla bien.

Es que soy muy cambambera nosotros decimos “cambimbera”… (Me gusta estar en todo; no me quiero perder ninguna fiesta; siempre estoy inventando algo que hacer) para dónde nos invitan para allá vamos.

Seguimos camino hacia Cantagallo, empieza a oscurecer, me gusta ver el camino, los árboles, me gusta observar. Los pájaros regresan en bandadas, tan bulleras, hay brisa … Pero a medida que oscurecía, veía que seguíamos, seguíamos y seguíamos, ya no me estaba gustando la cosa, lo miraba, él se reía de mí, entramos a una carretera de tierra y dale por ese camino, levantando ese polvero, ni un carro, apenas una que otra casa alumbrada, vino un paso de río, luego otro y otro, empezó a lloviznar como para completar, a todas estas, el Negro iba con sus cuentos para hacernos olvidar que estábamos adentrándonos mucho, eso asustaba, él conocía el lugar, yo no.

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Empezó a hacer frío, oscureció más, me pongo el abrigo y abrigo  a la niña, se duerme. Seguíamos escuchando cuentos, todo era risas, compraron bebidas, llevaban refrescos y cosas para chuchear,  me estaba como arrepintiendo, pero bueno, ya estaba montada en el burro y había que arrearlo de la mejor manera, quien me manda a ser tan inventadora. Llegamos al fin, luego de varias horas de camino de tierra, de chistes, de llovizna, de oscuridad, de frío y que esa camioneta se bamboleara para todos lados, ya estábamos en Paso Pelao, una comunidad rural, el sitio donde llegamos se llama Don Alonso, que allí es dónde está la manga de coleo, había fiesta con arpa, cuatro y maracas, joropo trancao, carne en vara, comidas por doquier. Muchas parejas bailando en un palenque levantando polvo y  mucho barro en la manga porque había llovido. Como no me gustan los toros coleados, me quedé dentro de la camioneta, allí conversé con mi cuñada, pasamos un rato tranquilo, viendo, era un ambiente bastante familiar, los niños estaban dormidos.

A eso de las doce de la noche, ellos nos dicen para regresar, en ese momento comienza a llover de nuevo, recuerdo los pasos del agua y me preocupo, cuando llueve fuerte no se puede pasar, así mismo, voy pendiente de los que van atrás en la camioneta, menos mal siempre llevamos chaquetas. Adelante charlamos, el Negro  sabe que me asusta la noche, esa carretera, entonces comienza a echar cuentos, de vez en cuando volteo para ver cómo van ellos, están riéndose, la están pasando bien, sigo escuchando al loco que busca asustarme con sus cuentos de caminos, cada uno más feo que otro, le digo deja la vaina Negro que esto está muy oscuro y muy solo y no me gusta, parece cueva de lobo, el seguía con sus juegos, es muy recurrente, no había luna que nos alumbrara, apenas unas casas muy regaditas con unas luces muy tenues, amarillas, animales ruidosos en el monte, al parecer monos, nos quedaba largo rato para salir, contaba los pasos de agua, son tres, me decía, ya vamos, falta poco, seguimos bromeando y riéndonos, los niños ya despiertos, comiendo pan o algo que llevábamos, no recuerdo, volteo a ver cómo van los otros, cuando veo hacia adelante,  los faros alumbran a unas personas que vienen caminando por un lado de la carretera, no sé de dónde salieron y menos la  carroza fúnebre que venía con ellos , inmediatamente busco los ojos del Negro que no me dice nada, veo a mi cuñada y se encoge de hombros, aminora la marcha, ¿un entierro a esa hora de la noche? siento miedo, susto, veo mucha gente, rezando con velas prendidas en las manos, solo se escucha un murmullo de muchas voces: padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre … siguen rezando, tétrico, el frío se apodera de nosotros, de mí, que a todas estas caigo en cuenta que no puede haber un funeral a esa hora y menos por ese camino de Dios, el Negro en silencio, todos en silencio, callados, viéndonos las caras. Yo me preguntaba ¿Qué hace un funeral a estas horas, en este sitio dónde el diablo dejó las pantuflas? A todos, aunque no lo dijéramos ( se me eriza la piel de solo contarlo) se nos helaban los huesos, los niños señalaban a la gente y nos preguntaban ¿Qué es eso? no sé, están rezando, duérmanse, les decía,  el Negro tomó el control, ese tiene nervios de acero, otro se hubiese matado de la impresión,  pasó  por un lado del carro fúnebre, vimos la gente, sus velas, los vimos, no fue alucinación, TODOS vimos el funeral y escuchamos sus rezos,  iban rumbo a Paso Pelao de donde veníamos, llevábamos el alma en vilo, los pelos parados, ellos atrás en la camioneta como dice Tom, con el sudor en el fundillo, asustadísimos, porque al pasarnos la carroza desapareció, todo el conjunto fúnebre, la gente, las  velas … el entierro ya no estaba…

El Negro  en ese momento mete la velocidad, acelera, todos en un profundo silencio, ellos que venían tomados, pues se les pasó la algarabía y el efecto de la bebida, se sentaron calladitos, nosotros subimos los vidrios, el frío pudo más, solo queríamos llegar lo más pronto posible a San Juan, ver su luz, el pueblo… Yo callada y muy dentro de mí, me recé todas las oraciones que me sabía, y pedí que nos llevara con bien a casa, porque aquello solo parecía una advertencia, abrazada siempre a mi nena, cuando llegamos por fin, porque se nos hizo infinito, con ese corazón que se me iba a salir, nos bajamos todos y al unísono comenzamos a contar, luego después  a reírnos de nosotros mismos,  dicen los que saben que seguramente algo malo nos iba a suceder y que quizás estábamos vivos de milagro. No lo sé. En los Llanos suelen suceder cosas que no tienen ninguna explicación razonable.

Cuentan las malas lenguas y la mía que no es muy bendita que en esas noches oscuras salen ánimas benditas a rezar y a advertir a la gente que baja de esas fiestas para que tengan mucho cuidado. Por mi parte jamás regresé a Paso Pelao , pero esa historia la llevo en la Sangre. No me lo contaron, lo viví.

Rosa María Moreno.

Extranjero

 

Deseo compartir esta lectura, espero les guste tanto como a mí.

Extranjero

Él ya lo había hecho varias veces y en el mismo lugar. De eso podía estar seguro. Sin embargo, ese día, desde que llegó al bar y se sentó, cruzó las piernas, observó el mantel de naranja viejo con frutas, pasó su mano por él y un frío le detuvo la mano, se dio cuenta que ésa era la primera vez que estaba allí. Jamás podía haber olvidado aquel mantel, su textura aceitosa, el olor a playa desierta y arena revuelta, verde, una botella flotando y chocando una y otra vez contra la lancha, sobre la mesa había puesto el libro con la página marcada a lápiz, leyó el título y pensó que era un buen momento para comenzar a hacerlo. ¿Tiene cigarrillos? Una caja llegó a su mesa, la abrió y encendió uno, siempre quiso conocer ese lugar, y sin saber cómo ya estaba ahí sentado, escuchando el agua, sintiendo la sal del mar en el respaldo de la silla, en el mantel, en el cigarrillo, en el piso. ¿Tiene cigarrillo? El mesonero le apuntó con la boca la caja que estaba sobre la mesa. Pidió disculpas. Su mirada se quedó unos instantes sobre la mujer que se encontraba detrás de la caja registradora. Había empezado a detallarla, a descubrir lo hermosa que era. La escuchó decir gracias, café, cerveza, rápido. Y sin embargo esa voz parecía que hubiera dicho amo, sol, mar arena. En ese momento, supo porque desde hacía tiempo quería conocer ese lugar.

Se lamentó de no haber ido antes, de no poder levantarse y decirle a esa mujer lo hermosa que era. No era capaz a esa edad de hacer algo tan osado. Siguió viendo cómo ella se movía detrás de la barra, recibiendo el dinero, tomándose un vaso de agua que tenía al lado. Y ahí se dio cuenta del anillo en sus manos morenas, delicadas pero con huellas, con descuido, Había un anillo. No había nada que hacer. Pero no resistía seguirla observando, no se resistía a mirar con la nostalgia, de lo que no se puede, su cabello oscuro y desordenado. Se sintió triste, arrepentido de ser extraño a ese lugar, de no haber ido antes, todos los días, y tener él en su mano el otro anillo. Sin embargo, él alcanzó a observar que ella lo miraba distinto, continuamente, con cariño quizás, de vez en cuando ella volteaba y le sonreía dulcemente. Ya no sabía cuánto tiempo había pasado desde que se sentó en aquella mesa, ya no sabía qué hora era, que tan lejos estaba de su casa, incluso, ya no podía recordar dónde quedaba su casa.

El sol comenzó a bajar, poco a poco, hasta llegar a tocarle el rostro, hasta iluminar incómodamente su mesa, su vaso. Sin embargo, a pesar del interés de ella, él se había entristecido de nuevo. El atardecer lo confundió un poco, no sabía que hacer ahora. La volvió a mirar y ella ya no estaba a la vista , se había ido por un momento, quien sabe a dónde, seguramente a atender a un hijo, a un marido, a preparar una cena. Pudo imaginársela casi como si la estuviera viendo, como si conociera su cocina, el niño que seguro cargaba en ese momento.  ¿Tiene cigarrillos? Esta vez el mesonero lo miró con afecto, sonrió, le tocó el hombro y le alcanzó un cigarrillo de la caja que había sobre la mesa. Qué pena, volvió a decir. La sensación de ser ajeno a todo ello lo hacía sentir un extranjero, no de ese lugar, ni de su propio país, sino del mundo entero. Solo esperaba que ella volviera, que apareciera sola, sin niños, sin esposo, sin el cabello recogido. Mientras la esperaba supo que no se iría hasta verla de nuevo, pues ya no tenía a dónde ir, no sabía qué dirección tomar. Miró la botella que seguía chocando con la lancha amarrada al pequeño desembarcadero. Algo quiso recordar con esa imagen, algo de ese olor a mar corrompido, inundado por los desechos. Se perdió por un momento imaginándose en ese bote mar adentro, pescando con una red, estirándola, lanzándola como si fuera una piedra que debe chocar varias veces sobre la superficie. Ya de noche, con la angustia de no ver más a esa mujer se sintió derrotado, vencido, casi  desahuciado. Miró de nuevo al mostrador y ahí estaba ella, con sus ojos insistiendo en los suyos se estaba acercando. Sus manos empezaron a temblar seguro ya cerraría, le iba a decir que hasta luego señor, que ya es tarde, estamos cerrando. Al llegar a su mesa ella le acarició el cabello, él se sorprendió. Ya es tarde, vamos a dormir  – Dijo ella cariñosamente. Él – extrañado – se presenta, dice su nombre y le ofrece la mano. Ella se sonríe, le toma la mano y le dice: Soy yo, tu mujer. En ese terrible momento pudo recordar todo, recordar incluso que olvidaba. Le apretó fuerte la mano, sacó de su bolsillo unas pastillas y se fue a dormir.

Por: Martha Durán

Qué impertinente manera de volver.

Me gustaría ser

Una tarde, hace muchísimo tiempo, Dios convoco a una reunión.
Estaba invitado un ejemplar de cada especie.

Una vez reunidos, y después de escuchar muchas quejas, Dios soltó una simple
pregunta

-¿Entonces que les gustaría ser?

A la que cada uno respondió sin tapujos y a corazón abierto:
La jirafa dijo que le gustaría ser un oso panda.
El elefante pidió ser mosquito.
El águila serpiente.
La liebre quiso ser tortuga y la tortuga golondrina.
El león rogó ser gato.
La nutria carpincho.
El caballo orquídea.
Y la ballena solicitó permiso para ser zorzal …
Le llegó el turno al hombre, quien,casualmente
venía de recorrer el camino de la verdad.

Él hizo una pausa y por una vez esclarecido, exclamó:

Señor, yo quisiera ser …  Feliz

Texto de: Vivi García.

La Muerte y el Titiritero.

La muerte es el último pasajero que baja de autobús todas las noches. Pocas personas, en verdad, reparan en esa figura marchita, algo gibada que camina, invariablemente sola, por las calles pocos transitadas. Por lo visto las luces y el bullicio de las avenidas comerciales parecen no atraerlo en especial, de modo que prefiere hacer su recorrido por calles laterales poco iluminadas.

Luego de terminar algunas diligencias de rutina, nuestro personaje se entrega al descanso en el banco de una plaza desierta, bajo un farol eléctrico.

Una vez más y  un  poco por no dejar  de hacerlo, va a revisar su lista y chequear el trabajo de la noche.

Nada especial, como de costumbre, trabajo de rutina, que a lo sumo le sirve para no estar ocioso y en la ociosidad enmohecerse y perderse en el más oscuro pesimismo : el gordo filatélico, demasiado pesado para llevarlo a cuestas y a quien tuvo que trasladar sin sus planchas dentales que quedaron abandonadas en un vaso; el General que lo hizo esperar una hora del más completo aburrimiento, mientras los veía quitarse sus arreos de gala- venía de una recepción en Palacio y tras el banquete, la apoplejía lo siguió hasta su cuarto- y especialmente las enormes polainas y los cincuentas broches del calzado, para no tener que llevárselo con las botas puestas; una vieja profesora de música, dos hermanos gemelos que padecían el mismo trastorno biliar y que en vida nunca se separaron … nada especial, en fin.

El gibado se olvida de su lista. La luz del farol le muestra unas manos marchitas, apagadas, lo que le hace pensar que lo mismo le debe estar pasando en su cara , sobre todo si se mira de perfil, huesuda y seca, y que el resto de su figura debe ofrecer esa misma apariencia melancólica

-Pero esto sería poco -se dice-  si encima no me aburriera tanto.

Devuelve la atención a su lista : un Ministro ( de seguro que muchos se lo agradecerán, después de todo), una monja a quien atropellara una bicicleta, una viuda rica, en fin… el titiritero. Las letras de ese nombre están casi borradas, pues debe haber pasado su dedo por allí cien mil veces ” Bueno podríamos insistir”, piensa y una chispa le salta en las pupilas ” por lo menos será divertido”.

Esta vez prescinde de las piernas que ha venido usando a diario por costumbre, por andar y ver y aburrirse menos ¡Puf!. sopla y está frente a la casa del titiritero.

Como ha debido suponerlo, en casa del titiritero se celebra una fiesta. La animación, el ruido llegan hasta la calle. Al asomarse discretamente por una ventana, se da cuenta de que casualmente esa noche el titiritero se casa por cuarta vez. Su nueva esposa es , como los anteriores, joven y bella. Los amigos beben y ríen y hablan a gritos, cada cosa en la misma proporción y ya han terminado con una gran fuente de empanadas.

– Lástima ser abstemio- piensa la muerte y se llega junto al oído del titiritero.

-¿Qué haces? – le pregunta

-¿No lo ves? Me caso. Un abogado amigo me arregló estos papeles.

La muerte echa un vistazo al certificado con muchos sellos y las firmas.

– ¡ Pero este es un matrimonio falso! – Grita

-¡Todos son falsos! Que lo digas tú …

Tampoco es cosa de interrumpir la fiesta,de modo que el recién llegado se sienta en el quicio de la puerta, dormita un poco, cabecea, ahuyenta a un perro que viene a olisquearlo; ve pasar a un anciano mendigo con su saco, le hace ¡fu! para asustarlo y el viejo echa a correr a todo lo que le dan sus piernas, y así hasta que van saliendo los invitados de dos en dos y abrazados, porque de otra manera no podrían tenerse en pie.

La figura marchita penetra en la casa con la intención de acabar su tarea. En ese momento, marido y mujer entran a la alcoba abrazados.

-Tengo que entrar ahora. Si espero un poco más pecaría de indiscreto.

Pero apenas traspasa la puerta, ve al titiritero en camisa que ha abierto su baúl y comienza a mostrar sus muñecos a la novia . Todos saludan, le bailan, le mueven la cabeza y le hacen reír divinamente. Por último ha sacado del fondo del baúl el más estrafalario de sus personajes, el cual representa la muerte

-Pillo- rezonga en silencio el modelo

-Lo quiero enormemente- dice el titiritero. Me ha acompañado a todas partes

-Pero es horrible -dice ella

-Por eso no ha podido actuar hasta ahora.

Ella insinúa

-No crees que entre los dos podríamos mejorarlo?

-¡Tú no te metas en esto! – Gruñe la muerte y como un silbido se mete en el cuerpo de la muchacha, adoptando en seguida aquel timbre de soprano.

-Me parece que tiene la nariz muy larga.

-¡Ujú!

-Esa expresión tan agria; me parece que no es para tanto ¿No?

¿Por qué de negro, además, siempre de negro?

-¿Qué te parecería … de rojo?

-¿De rojo, por supuesto, con una capa larga y botines de terciopelo! La guadaña que sea más larga y de plata

-La cabellera…

-Bueno… Tanto como la cabellera…

– Eso tendríamos que discutirlo. Si me das tiempo, te haría la muerte más hermosa que habrás visto.

-Pues si es sólo tiempo lo que necesitas, por mi …

el titiritero guarda su muerte en le cajón

-Querida – Dice – esta noche ocupémonos de ser felices. Lo otro, como verás, requiere tiempo.

La muerte ya hace rato que andaba lejos.

De Salvador Garmendia para Javier Villafañe.

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LA RANA SORDA (Fábula)


Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo.

Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo.

Cuando vieron cuan hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.

Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas.

Las otras seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.

Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió.

Ella se desplomó y murió.

La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible.

Una vez más, la multitud de ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenia caso seguir luchando.

Pero la rana saltó cada vez con más fuerzas hasta que finalmente logró salir del hoyo.

Cuando salió, las otras ranas le dijeron:”nos da gusto que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritábamos”.

La rana les explicó que era sorda, y que pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más y salir del hoyo.

MORALEJA

  1. La palabra tiene poder de vida y muerte. Una palabra de aliento a alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarlo y finalizar el día.
  2. Una palabra destructiva dicha a alguien que se encuentre desanimado puede ser lo que lo acabe por destruir.

Tengamos cuidado con lo que decimos.

  1. Una persona especial es la que se da tiempo para animar a otros.

4- Nuestra mente nunca es impermeable a lo que digan los otros y pagamos las consecuencias de ello.

Fábula oriental muy antigua, escrita por Hsien-Sheng Liang, sobre el poder de la palabra.

 

Trenza tu tristeza

 

Existe una leyenda que dice así :

Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los harìa llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas, que no se meta entre tus manos- me decía-  porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo.

Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar  cuando el viento del norte pegue con fuerza.

Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole.

Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña,  aun si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada  por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo.

Trenza tu tristeza, decía,  siempre trenza tu tristeza…

Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.

Por:  Paola Klug

 

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Y nos leemos un cuento. Furia y tristeza

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta.

En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.

Había una vez un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente…
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

 

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas, las dos, entraron al estanque.

La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún salió del agua…

Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró…

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza…

Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla encontró que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

Del libro Cuentos para pensar de Jorge Bucay .

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Mi cartita al niño Jesús. 24 de Diciembre 2015

 

Hola mi niñito Jesús

Más que pedirte este año tengo que agradecerte.

Agradecer que hoy puedo escribirte, sabes ha sido un año bastante difícil por demás de complicado, aún así algunos pasamos las pruebas.

Nos concediste este año una nueva oportunidad, nos concediste seguir intentando recuperar lo que hemos perdido por no saber actuar, por no pensar, y por ser tan irracionales.

Sabes muchos niños este año en mi Venezuela bella no recibirán regalos , quizás no tendrán lo que pidieron, no se les podrá dar la alegría de un gusto , eso me entristece , muchos usarán sus ropitas viejas porque la inflación es demasiado alta para poder comprarles cualquier cosa, no estrenarán como es costumbre en mi país , muchos no tendrán que comer y muchos no estarán porque murieron por la inseguridad, falta de alimentos, y faltas de medicinas, otros estarán en hospitales esperando tratamiento, es una realidad dura y no la podemos ocultar, si , es muy triste, aún así, puedo decir que tenemos una luz al final del túnel , que las cosas podrían cambiar , quizás para eso falte mucho tiempo, pero por los momentos aquí el grinch se robó la Navidad.

En los hogares este año no hay mucho ánimos y los padres han hechos grandes colas para al menos servirle una cena decente a su familia, para regalarle un presente , para pasar un rato ameno.

Mi niño bello Solo te pido que nos regales un poco de Paz , que los niñitos hoy sean felices a pesar de tantas desavenencias que así como tu naciste en un pesebre y solo necesitaste el cariño , el amor y el cuidado de la Madre María , ellos sean felices con lo poco o mucho que sus padres le puedan dar .

Te pido solo tranquilidad , te pido armonía , unión y encuentro . Que aquellos que hoy equivocamos el camino lo podamos enmendar .

Te pido danos el Milagro de Ver a Mi Venezuela Renacer … Con Dios todo, sin él Nada .

Feliz Navidad. Te quiero. Gracias.

Atentamente @rosmarymoreno

 

 

Microcuentos

 

Les dejo por acá algunos de mis microcuentos:

  • Y sus aullidos a la luna desafinaban, aunque todos los veían y escuchaban, ella no tuvo vergüenza y aulló con él. #microcuento
  • Eran humanos y actuaban como tal… lástima que no imperó en ellos el raciocinio que les fue entregado. #microcuento
  • Y no tenía carácter, era demasiado cobarde para asumir su realidad, entonces su mejor compañía siempre fue la soledad a pesar de estar siempre acompañado. #microcuento
  • Ese pobre corazón estaba llenito de costuras y remiendos, pero es demasiado masoquista y le encanta amar, así que a cada rato lo zurcía #microcuento
  • Y le subió el volumen a los altavoces de su corazón para escucharlo … #microcuento
  • Y lo golpeó tan fuerte que sus manos le dolían , pero ni así calmó la rabia que sentía por su desengaño. #microcuento
  • Después de todo ella solo le era útil y necesaria, tenía muchas intenciones para con ella, pero sus acciones decían todo lo contrario .#microcuento
  • Y se amaban en tiempos de crisis, aunque dicen que amor con hambre no dura, ellos lo intentaban a toda costa, a pesar de tantos inconvenientes, aún así eran felices. #microcuento
  • Y la vida debería darle oportunidad a los que endiosan a una persona de vivir con ella, a ver si luego piensan de igual manera. #microcuento
  • Y exigía más de la vida. ¡Qué brutalidad! ella le decía agarra lo que te regala, aunque sea de a pedacitos . #microcuento
  • Vivía sin libertad de acción preso de sus propias pasiones y cada día cometía más errores. #microcuento
  • Era tan pero tan parecido a un alacrán que se envenenó con su propia cola … #microcuento
  • Y ella intentaba por todo los medios posibles, no convertirse en el monstruo que tanto aborrecía, y eso le costaba … #microcuento
  • Y después de 900 intentos (Exageró) ensartó al fin la aguja … #microcuento
  • Y le regaló su gesto de empatía … pero no recordaba que no conocía el mínimo significado de esa palabra … #TiempoPerdido. #microcuento
  • Recuerdos, miradas, bocas, letras, colores, y entonces … Nosotros. #microcuento
  • Y ella sigue abriendo cajas de Pandora… al parecer la niña no aprendió y aun como que le faltan consecuencias para poder aprender. #microcuento
  • No necesitan hablar para entenderse , los dos sonríen … #microcuento
  • Ha estado mirando su fotografía, se niega a sentir sueño, pesan los recuerdos, siente su ausencia. #microcuento
  • No cumplió su promesa, por lo tanto, no obtuvo la recompensa que aguardaba. #microcuento
  • Silencios y ella comprendió que otra víctima había sido elegida. #microcuento
  • Y su café como siempre fuerte y dulce y así comenzaba la mañana endulzando su vida y haciendo lo posible por endulzar la de los demás.  #microcuento
  • Vivir con ella no era un paraíso pero tampoco sería nunca un infierno. #microcuento
  • Y como si fuera la primera vez ,  sentía cada día , porque alli está la emoción de su vida … renacer #microcuento

Gracias por leerme . Un besote y gracias por visitarme … @Rosmarymoreno

 

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