Ella

Ella es voraz y veraz, dos virtudes
que amo y que son mucho más que
un juego de palabras.
Ella vuela, con las piernas abiertas,
y me lleva tan alto que hace tiempo
que perdimos el miedo de caernos.
Ella me hace sonreír, incluso cuando
no toca. Y cuando toca, toca rugir
y celebrarlo a carcajadas.
Ella es un misterio de seda,
un escándalo de tejados no apto para
propensos a marearse en las alturas.
Verla comer con apetito de náufrago,
oírla reír o gemir como mil primaveras,
saborearla hasta el exceso.
Tocar, de su misterio, el terciopelo.
Que, de repente, le de un ataque de
amor y se vuelva el koala más sexy
de esta selva.
O que te mire como ella mira, te vea
guapo y se te borren de la cara todas
las derrotas reales o imaginarias.
Cuando se agarra a mí como a un
tablón en alta mar. Y en realidad
me está salvando.
No sé por qué le llaman polvo,
si con ella es luz y fuego y aire,
y la tierra queda siempre tan abajo.
Ella está hecha de un material tan
especial, que te cambia la vida
cuando la tocas.
Abrazarla desnuda es como bailar
en el aire, sin más música que la
que vamos improvisando al respirarnos.
Abrazarla, desnuda, es remar contra
el tiempo y ganarle.
Ella tiene un sólo defecto: Yo.
Y hasta eso le queda bien.

Autor: Carlos Salem

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