Del libro “Nos Tomamos un Café ” de Odin Dupeyron. “Me toco ser de los que aman”

En el amor, hay solo dos tipos de personas: los amados y los amantes.
A los amantes les tocó amar y entregarse, sufrir y llorar a flor de piel. Pero también les tocó la enorme dicha de que con una sola mirada, con un pequeño roce en la piel, en un descuido, en un momento, entregan todo el corazón con incomparable gozo
El amado en cambio solo se deja amar, se deja querer, se deja…
En ocasiones sin ni siquiera saber por qué lo hace. No puede comprender por qué el amante se desvive de esta forma tan enferma y tan llena como de masoquismo.

-¡Ay! por el amor de Dios! ¡Que alguien detenga a esta mujer! que me quiere entregar todo, su alma, su corazón y su cuerpo! Pero lo disfruta.

¡Ay del amante! que le quite el amor por un solo momento el amor de su amado, esa es su carta fuerte, el amado reaccionará y ¡si que reaccionará! ,

¿Cómo? ¿cómo? ¿ que ya no me amas? A mi al AMADO,  al que solo va por la vida  dejándose amar.

¿Cuál de los dos papeles jugamos en la vida? o ¿es que vamos jugando a los dos?

No sé. No lo se.

Yo creo que todos nacemos amantes pero nos parten tanto la madre que preferimos no arriesgarnos y sólo nos conformamos con ser amados.

Pero sólo “ser amados” es la mitad de un sentimiento.

A mi, aunque me parece un poco menos cómodo por supuesto y a veces es mucho más doloroso. siempre me ha parecido ser un digno, orgulloso y feliz AMANTE.

“Me toco ser de los que aman

Me tocó ser de esos tontos
que dan todo sin temor,
de esos tontos que pretenden
entregar el corazón.
 
Me tocó sentir aquello
que se llama decepción,
cuando el otro no comprende
la nobleza del amor.
 
Me tocó tener caballos
adentro del corazón,
que galopan por mis venas
cuando el fuete del amor
les golpea con mucha fuerza
desatando la pasión.
 
Me tocó ser de los que aman,
no me avergüenzo, yo no,
pues mi amor está pagado
cuando siento una emoción,
cuando me miro en sus ojos
o cuando siento su olor.
 
Cuando yo amo sin fronteras
temo que mi corazón
se quede corto en la entrega,
lo doy todo sin razón.
 
Toma tú mi corazón, te lo regalo,
te lo entrego y te lo da mi propia mano,
tuyo es, y también te doy derecho
en hacerlo pedazos en mi pecho.
 
Que no duele el dolor cuando se entrega
el corazón por amor y no se niega,
que negarse a uno mismo un sentimiento…
es marchitarse el alma en un momento.
 
Mas ¿qué puedes entender tú de todo esto?,
tú que eres el amado y no el amante,
no pretendo que ni por un instante
tú comprendas el por qué de mi entregarme.
 
Tú no sabes qué es sentir que aquí en el pecho
algo estalle provocado por tu aliento,
tú no sabes lo que es dar la vida entera,
por un sueño, una ilusión o una quimera.
 
¡No lo sabes!, ¡No lo entiendes!
Esa gloria es sólo de nosotros,
los benditos elegidos. ¡Los amantes!
Que morimos y seguimos adelante.
 
Caminando en el sendero de emociones
y seguros de que todas las acciones,
por amor han sido realizadas,
y serán algún día serán recompensadas.
 
Cuando encuentre yo a ese ser que me responda
y que me ame como he amado yo hasta ahora,
le daré… lo mejor de mis batallas.
 
Y aquellas voces que de mi alma emanan,
¡Gritarán dando gracias a la vida!
Me tocó en el amor… ¡ Ser de los que aman!
Autor: Odin Dupeyron

Ardimos Juntas.

Nos quemaron por miedo a nuestros ojos, a la verdad punzante que trepaba por muslos, senos, vientres y caderas.

Ardimos juntas, de todo padre huérfanas.

Fuimos brujas.

Engendramos los verbos insurgentes y bailamos sin música ni oídos.

Removimos mejunjes que podían devolvernos la voz, los pies, las alas.

Y ellos, postrados ante sus cruces milenarias, temblaron.

Subidos a sus púlpitos de mármol, temblaron sobre nuestros cuerpos desnudos,

al forzarnos, temblaron.

El miedo, que rompe todo cuanto encuentra, atravesó sus huesos duros como rocas y no cedió hasta que fuimos ceniza, polvo, ascua.

Fuimos brujas. Amantes. Compañeras.

Y ardimos juntas, mientras ellos temblaban.

Olalla Castro Hernández (Granada, España, 1979)

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