La historia de los amores imparables

“Me dicen que es de tontos
tropezar tres veces en la misma piedra,
pero es que tú eras una piedra
sobre la que merecía la pena caer,
resbalarse,
hacerse herida.
Porque hay personas que merecen nuestra herida
personas que mancharon todo de felicidad,
y contrataron la alegría
y la volcaron sobre ti
como quien te arroja un cubo de esperanza,
personas que empapaban tu vida con su risa
y ahora que no están no dejan cuerda de tender
dónde seque esta tristeza.
Me dicen que es de tontos,
que lo deje,
porque huir del compromiso
es el deporte que practicas.
 Y tal vez estén en lo cierto
pero no saben que tu boca
es el ticket de entrada al paraíso,
como una esperanza que se cuela dentro.
 Y dueles. Claro que dueles.
Como un regalo que al abrirlo está vacío,
como el premio que te sacan de las manos.
Dueles.
 Pero yo sé que solo hay miedo tras tu huida,
que me tiras las flores de los tiestos
por el miedo a que no haya champán con que regarlas,
que tu huida es un descanso,
que el amor
se toma un tiempo sobre ti
para que los temores no caben más hondo en tus entrañas.
A veces no hay parejas que no se amen
sino temores que nos vencen.
Pero siempre vuelves,
siempre llegas de nuevo
para estampar en mi cuarto el paraíso,
para darle un nuevo orgasmo a mi memoria,
un motivo más para creer.
 Y sé que no es fácil,
que me hago herida nuevamente
en cada travesía desde mi lengua hasta la nada,
pero me curas de nuevo en tu viaje de vuelta hacia nosotros,
me curas, muerdes mis heridas y las arrancas de golpe
y allí donde había piel rota y soledad
solo encuentro piel nueva, alma restaurada.
Por eso acepto todo lo que caiga sobre mí cuando te vayas.
Acepto que me elijas y me sueltes,
que la felicidad sea un disparo,
lo que dure este momento.
 Acepto las tres llamadas pendientes que cuelgan de mi vida
con las que no sé qué hacer
para que no me revientes de pasado el paisaje.
Y también los domingos en que siento
que la vida está comunicando.
Lo acepto todo si eso abre la puerta
a que mis lunes sean tus lunes
y tu foto tu desvelo
y mis guerras un motivo
por el que hallar la paz contigo.
Me dicen que te olvide y tienen razón,
pero lo dicen porque no saben lo ligeros
que son dos amantes cuando es correspondido.
No entienden que te necesito.
Te necesito porque despedirse es una palabra demasiado grande
y no lo entienden.
Y porque me están subiendo los tres polvos demás qué te debo,
como una droga que no consumes pero afecta
y no lo entienden.
Y vuelvo a ti porque no es posible ponerle vallas al amor
y cada uno elige el modo de volarse
y no lo entienden.
¿Dependencia? Por supuesto.
De la felicidad que traes,
de ser nosotros,
posiblemente.
Les digo eso.
Por eso vuelvo a ti,
a chocar de frente contra la felicidad,
a caer de boca contra la felicidad,
a romper mis dientes contra la felicidad.
Me equivoque o no,
para mí eres eso,
la calle que conduce
a la felicidad.”
Marwan

Como árboles

 

Quién hubiera dicho que estos poemas de otros, iban a ser míos.

Después de todo hay hombres que no fui y sin embargo quise ser.

Si no por una vida al menos por un rato o por un parpadeo.

 

En cambio hay hombres que fui y ya no soy ni puedo ser, y esto no siempre es un avance,

a veces es una tristeza.

Hay deseos profundos y nonatos que prolongué como coordenadas,

hay fantasías que me prometí y desgraciadamente no he cumplido, y otras

que me cumplí sin prometérmelas.

 

Hay rostros de verdad, que alumbraron mis fábulas, rostros que no vi más pero

siguieron vigilándome desde la letra en que los puse.

Hay fantasmas de carne otros de hueso, también hay los de lumbre y corazón

o sea, cuerpos en pena almas en júbilo que vi o toqué o simplemente puse

a secar, a vivir, a gozar, a morirse, pero además está lo que advertí de lejos

 

Yo también escuché una paloma que era de otros diluvios,

yo también destrocé un paraíso que era de otras infancias,

yo también gemí un sueño que era de otros amores,

Así pues, desde este misterioso confín de la existencia

los otros me ampararon como árboles, con nidos o sin nidos

poco importa, no me dieron envidia sino frutos, esos otros están

aquí.

 

Sus poemas son mentiras de a puño, son verdades piadosas.

Están aquí, rodeándome, juzgándome, con las pobres palabras que les di.

Hombres que miran tierra y cielo a través de la niebla o sin sus anteojos,

también a mí me miran con la pobre mirada que les di.

 

Son otros que están fuera de mi reino, claro, pero además estoy en ellos, a veces tienen lo

que nunca tuve a veces aman lo que quise amar, a veces odian lo que estoy odiando,

de pronto me parecen lejanos, tan remotos, que me dan vértigo y melancolía,

y los veo minados por un duelo sin llanto, y otras veces en cambio, los presiento tan

cerca que miro por sus ojos y toco por sus manos, y cuando odian me alegro de su

rencor, y cuando aman me arrimo a su alegría

 

Quién hubiera dicho que estos poemas míos iban a ser de otros.

 

Mario Benedetti – Poemas de otros.