Terror que no es ficción. Noche de hospital

Está en la sala de espera, mientras a su papá lo operan, esta vez se llevó para leer de nuevo: Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, por demás de interesante, impactante y aleccionador.

Sentada en un muro se mete de lleno en las páginas del libro, lee y se va olvidando que está en el hospital, se olvida de la gente que pasa, de los que se quejan, de los porteros que gritan para mantener el orden, pero causan estrés con su constante llamar la atención, que si apártense del pasillo,que los familiares para afuera, uno solo por paciente por favor; De vez en cuando cierra un poco el libro y mira hacia los lados, no hay camillas, no hay sillas, no hay camilleros, cada quien entra a su paciente como puede, unos les piden la silla plástica a la portera, y así entre varios cargan a sus enfermos, en triaje solo están atendiendo emergencias, así que muchos salen como llegaron, no hay agua, los baños huelen a orines y heces, los pisos, es duro estar en esa situación. Ella piensa que la última operación a su papá fue en una clínica y en otras circunstancias, pero la vida es una tómbola y da muchas vueltas, así que solo piensa que la semana pasada se lo regresaron porque el quirófano se había contaminado, muchos pacientes se complican por bacterias, piensa, y el susto lo siente en el estómago y reza, reza para que todo salga bien y pone en mano de Dios la vida de su padre, sigue observando con el libro en la mano, casi cerrado, lo que ocurre a su alrededor,  llaman a cada segundo un familiar para pedirle las cosas que necesita, porque en el hospital no los hay.

El ambiente es tenso, a pesar que hay una que otra camarera o personal de aseo, eso sigue oliendo mal, se nota un desdén increíble, por situación país mucha gente se nota desnutrida, con hambre, cansada, pacientes y acompañantes desvalidos y tristes…  ella se mantiene serena a pesar de todo, pero es imposible no empaparse del dolor de otros. Las personas se acercan a contarle sus dolencias y problema, es que ella es todo oídos, al parecer inspira confianza, el libro debe esperar y ella aprovecha para hacer amistades que seguramente verá mientras esté su papá en el hospital.

Termina la operación, lo saben porque una hermana está cerca del quirófano y pregunta, porque de otra manera ni se enteran, tarda más de lo debido en recuperación y sale adolorido, lo pasan al cuarto y allí comienza el peregrinar, buscar la cama, acomodarlo, tratar que con lo que se consiguió de calmante lo ayude, le da nauseas, el frío que siente no es normal, hay que estar pendiente es un paciente hipertenso, cardiópata y con diabetes. Ya listo en la cama, entonces mira el cuarto, hay dos pacientes más ambos operados, uno en una situación muy delicada, le dieron 5 tiros, muchacho joven, pulmón, columna, creo que ya no caminará, con escaras, porque tiene más de un mes en el hospital, situación crítica, el otro paciente operado de próstata muy adolorido y con fiebre. Busca y no había una silla dónde sentarse, pero corrió con la suerte que alguien de cocina, que pasaba por allí y la vio buscando le prestó una y luego la familia le trajo otra, dónde dormiría. Las chiripas pululan por todo el cuarto y ella tiene que estar pendiente de matar, quitar cualquiera que camine por la cama y pisos, aunado a esto llega la noche y en el cuarto hay un solo bombillo que apenas alumbra, como no está al tanto pregunta y le responden que al menos ese cuarto tiene luz, los demás los familiares y pacientes de los otros cuartos se alumbran con linternas, cuando se asoma al pasillo ve con horror que tampoco hay luz y en la puerta del baño sin luz también, solo hay 2 tobos de agua que deben cuidar, porque el agua tiene tres días que no llega, menos mal llevó cloro y bastante agua para beber que utilizó para lavarse las manos y darle a los otros pacientes. Ir al baño tendría que esperar hasta el otro día, para completar ese día había un eclipse lunar , al menos la luna por un rato brilló y dio un poco de luz , las enfermeras solo fueron una vez a colocar el antibiótico y el calmante y luego se encerraron, y quien no en aquella oscuridad tan tenebrosa, pendiente había que estar de la puerta porque a cada rato alguien la abría y según dicen que roban pertenencias y medicinas que tengas. Papá se queja del dolor, busca a ver si encuentra una enfermera en aquella oscuridad y nada, le da un calmante y se sienta a conversar con las otras acompañantes para que pasara la noche más rápido, al rato los pacientes se calman y se duermen , se asoma en aquella oscuridad a ver el eclipse lunar, y comienza a llover torrencialmente, ¡que nochecita!  Se acomodó lo mejor que pudo y se dispuso a dormir, imposible observando tanto caos.

La oscuridad, la escasez, chiripas, falta de agua y la enfermedad no se llevan de la mano, que situación tan inhumana para alguien que está enfermo, que precariedad, sombras van, sombras vienen, enfermeras con linternas, pacientes llorando, solo el que vive esta situación sabe a lo que se expone y solo porque ahora ya el venezolano promedio no puede acceder a clínicas por el alto costo.

El deterioro de la salud hospitalaria en Venezuela deja mucho que desear, pero con todo y eso hay médicos humanos que aún con esta precariedad ayudan a los enfermos a sanar, aunque algunos otros médicos y enfermeras han perdido su don de gentes, puedo decir que no los culpo, es terrible trabajar en tamaña situación.

Se puede salir vivo cuando se cuenta con todo lo necesario antes de ingresar, pero hay personas que sufren lo indecible puertas adentro. Si puedo decir que  el infierno existe, está en la tierra y muchas veces se encuentra en los hospitales, no estoy exagerando, cuando toca vivir estas experiencias te queda un dejo de ¿Hasta cuándo podemos soportar? ¿Qué carrizos nos sucede? ¿Por qué aceptamos esto? Que desidia tan grande a la que estamos expuestos.

Duerme un poco y abre los ojos a cada rato para tocar a su padre, le agarra la mano, mira que esté bien y ve que ya empieza a clarear, da gracias porque al fin amaneció, entonces toca ponerse de acuerdo en cómo utilizar la poca agua que queda entre todos y sin pensar si ese día mandarían más.

Lo cierto del caso que la lectura del libro que era tan tétrica se quedó pequeña ante tamaña realidad. La novela de Saramago habla sobre una imparable epidemia de ceguera que asola a un país entero y los ciegos se verán obligados a recurrir a sus más primitivos instintos para sobrevivir, es una reflexión sobre la falta de solidaridad  y pone en cuestionamiento el grado de civilización del mundo en que vivimos… Esta realidad no tiene nada que envidiarle a la novela en sí.

Ver para creer, vivir para entender.

Rosa María Moreno.

Una noche más. “Insomnio”.

Una noche más, otra sin dormir, el calor, la humedad, los pensamientos, los sentimientos, las emociones, el herpes zóster en la espalda, me salió interno, (Culebrilla), invitado no esperado, ni deseado, que vino a hacerme compañía, para completar la decadente vida que ahora llevo, quejarme, no, para qué, continúo como siempre, ahora con ese ardor en la espalda y un malestar que no pasa desapercibido, arde, molesta y mucho, le da por hacerse sentir por las noches, sin aire acondicionado y sin ventilador me sofoco, me falta la respiración y no me queda de otra que deambular por casa sin saber qué hacer, amanezco leyendo en las redes sociales e intentando comprender que pasa en el mundo entero, mientras mi mundo se estremece, pensar En ¿que será lo que haré de comer mañana, cuales son las cosas pendientes? , en fin los insomnios dan para todo.

Conseguí medio blíster de Aciclovir, 5 pastillas solamente y son 10 días de tratamiento, no me gusta pedir, me molesta utilizar redes sociales para eso, basta, ya basta, esto no puede ser posible, quisiera que mi trabajo valiera y pudiera conseguir mis cosas sin necesidad de ayuda, que a Dios gracias, no han faltado manos que me han ayudado a salir del trance que es enfermarse en este país y de buscar y comprar medicinas.

Esto pica, arde, incomoda, duele y hace que me falte el aire, pero más me duele mi país, más me duele en lo que nos están convirtiendo, noticias dantescas, más allá de mi espacio, veo lo que sucede en Guatemala y no puedo si no recordar el año pasado, lloro, estoy descompensada psicológicamente, mucha gente está emigrando, muchos son amigos y familiares. Me ha tocado decir hasta luego en este año como nunca, duele.

Que nochecita, intentar entender lo que sucede no me hace más llevadera la cruz, trato de no hacer más peso. Como no hay efectivo para transporte pues me quedo en casa sin poder salir los fines de semana a ver a la familia, porque no hay manera de regresarse que no sea a pie, no es lejos, pero ya no estamos tan fuertes, cada día contamos con menos proteínas, cada día nos acortan más la cadena y no las ponen chiquitita entonces sin poder salir de casa, pues intento mantener a mi familia unida, vemos películas, inventamos comidas con lo que tenemos, e intentamos sonreír a pesar de todo.

En la semana doy clases como siempre, trabajo por trabajar y lo sigo haciendo porque me gusta, porque lo que gano solo alcanza para medio cartón de huevos al mes. Ya no vale ni la pena. Y se los digo con propiedad.

Esto que les cuento no es la vida de todos, algunos medianamente pueden acceder todavía a algunas cosas y comprar, otros apenas subsistimos trabajando y con ayuda muchas veces de otros, que se parten el lomo en otros países para ayudar a palear nuestra situación.

Esta noche solo me acompaña mi laptop, los grillos, mi perro aquí a mis pies, y este calor agobiante que jamás había sentido porque antes tenía aire acondicionado y 4 ventiladores que por el problema de electricidad se fueron quemando.

No es fácil, me digo acepta, para que puedas seguir, no te resistas, pero mi cuerpo no puede dormir, no estoy acostumbrada a pasar necesidades, no es esto lo que deseo, me digo todos los días que hay mucha gente que ni un techo tiene, ni unos granos que meterse a la boca, ni agua limpia para bañarse, ni una casa tan bonita y cómoda como la mía.

Todos los santos días procuro continuar, pero siento que mi corazón se aprieta cada día más. Las crisis de pánico quieren regresar, no les he dado el permiso, aprendí a controlarlas y gracias a Dios porque se imaginan a la Rosa María de hace algunos años en esta situación, vaya desastre, menos mal pasé por muchas cosas que me prepararon para este momento.

Escribo y escribo hoy en este silencio sobrecogedor y angustiosamente caluroso, siento ganas de salir corriendo, necesito respirar, me arde la espalda, me baño, cuando regreso, sigo igual sudando, el calor me sofoca, cuanto silencio a esta hora, ya van varios días así, más de 15 días.

En la mañana me preguntan ¿cómo amaneciste? y me provoca decir no amanecí, porque no dormí; pero en cambio digo “amanecí bien”…

No dormir te descontrola, te envejece, tengo unas ojeras increíbles, mi ojo derecho está más pequeño que de costumbre y se nota, no he ido a ninguna de mis terapias, mi mundo no es tan difícil lo sé, sigo siendo la consentida de mi gente, sigo teniendo un plato de comida en mi mesa, y lo agradezco.

Pero ¿cuánto más debo aprender?, no me siento responsable de este descalabro, ¿hasta cuándo?…

Una noche más y un hasta cuando en mi corazón.

Yo solo tengo mala noche, pero saben ¿cuántos se acostaron sin comer, cuántos esta noche no tienen medicina y fallecen en los hospitales, saben cuántos niños, abuelos hoy sufren desnutridos?

Entonces pienso en cada venezolano fuera, preocupado por su familia acá, pienso en cada ser humano del continente pasando necesidades, soledades, angustias y me digo: sigue adelante, tu puedes, aún no te has muerto, debes tener algo pendiente que hacer acá en la tierra, utiliza este tiempo, escribe, porque no me puedo poner a limpiar, porque hago bulla y despierto a los demás y Junior mi perro, también necesita dormir, extraño a mi príncipe, lo extraño demasiado.

Anoche leí a Laureano y lo que pedía a Papá Dios, necesito tanto o más dosis de todo lo que él le pidió y muchas más fuerzas.

Entiendo a las madres con bebes pequeños, con niños enfermos, a esos padres que llegan con una quincena y se sientan con las manos en la cabeza porque no saben que comprar y tener que elegir que comer, porque ahora ni legumbres, ni  hortalizas, los tubérculos, ni granos, ni las carnes, ni quesos están disponibles para todos, la falta de efectivo, la gente tracalera, el vivo pendejo, el inhumano, el que tiene poca empatía, han hecho de esto un infierno en la tierra. Dante Alighieri tendría mucho material para escribir en Venezuela. Cuerpos delgados, mustios, débiles, anémicos, agotados, desnutridos, enflaquecidos, depauperados, no me alcanzarían los sinónimos para expresarles el desastre que estamos viviendo.

Dicen siempre, escribe algo queda. El objetivo no es causar lástima, ni mucho menos, es decirle al mundo lo que acá acontece.

Si se van a las primeras lecturas de este blog, conocía este futuro y pensé no tendría que vivirlo ¡me equivoqué¡ no sé cuál será el final, ni cuantos días más tendremos que aguantar, llevamos ya dos décadas en esto, pero ahora más empobrecidos, esclavos de un régimen y sus locuras, aún con posibilidades de comunicarnos, si, y doy gracias por eso. Pero ¿hasta cuándo?

Me arde la espalda, me duele la cabeza, la plaga no me deja dormir, mientras les escribo solo escucho el zumbido de los zancudos fastidiosos, he matado unos cuantos pero son demasiados, la falta de agua hace que la gente tenga muchos pipotes y esto haya acelerado el crecimiento de dicha plaga, por supuesto no puedo cerrar ventanas o el calor me mataría, entonces me los calo, eso sí llena de repelente que cuesta un dineral pero que no sirve para nada. Es triste, es demasiado triste, esta semana despedí a mi mejor amiga que ya emigró, y a una vecinita de apenas 20 tantos años que se fue a buscar un mejor futuro, tocar su carita, abrazarlas y decirles adiós duele y mucho. Pero como es por su bien hay que entender y continuar.

Señor apúrate con tu tiempos, morimos en este infierno.

Mientras haré lo posible por mantener mi sonrisa, mañana tendré que seguir como si hubiese dormido, ya con esta, no sé cuántas noches van sin poder hacerlo completo, hasta el sueño me lo han robado.

Me haré un té y me pondré a leer un rato, es hermoso el silencio cuando lo aceptas, le he tomado cariño a estos momentos de infinita soledad. Donde solo me escucho y el tecleo de mi pequeña laptop que le he dado rosca parejo porque la PC está “descansando” porque se ha ido dañando por los constantes apagones y necesita cariños que por ahora deben esperar.

Esto que les cuento solo es una historia de una ciudadana de un país que ya se fue al precipicio y solo espera que alguien o algo ponga al final una tela que nos ayude a no caer tan fuerte y nos salve de una muerte inminente por falta de comida, insumos y medicinas. Estamos falleciendo poco a poco. Y están en su derecho de creerme o no. Esto no es vida. Esto no es felicidad, esto es humillante… Perdón, no sé qué hicimos para merecer esto, o si lo sé, pero se los cuento luego.

No amanece aún… y menos mal no es papel donde escribo, porque entre el sudor y las lágrimas las letras no se entenderían.

Escribir como catarsis… sabiendo que mi lugar todavía es cómodo y que mucha gente hoy está en la calle de algún lugar del mundo huyendo de este régimen, buscando un lugar para sobrevivir, otros fallecen en sus camas, en sus casas, en sus ranchos por el hambre, otros en hospitales y otros en manos de la inseguridad y cárceles de este país.

Escribo porque necesito drenar… quizás alguien me lea y ayude a Venezuela que hoy muere de mengua.

Me duele mi país, mi gente, mis amigos,  los niños, los viejos que se están quedando solos, me duele como hemos desmejorado. Me duele la humillación de dejar de comer para comprar un jabón, un papel, un champú, un cloro, y un detergente para lavar, todos los meses toca una rifa a ver qué es lo que se va a suprimir para poder obtener algo más.

Lo dije antes pero nunca esperé que se hiciera realidad.

Ahora esperando a que le pongan la cascabel al gato… este cuento continuará, hay demasiado venezolano por el mundo con mucho que contar, abrazos a todos ellos, estudien, surjan y prosperen, si pueden, regresen cuando todo esto haya terminado porque esto tiene y debe tener un fin.

Las crisis existen para que venga un éxito rotundo y ustedes nos ayudarán a crecer. Ánimos quedaremos algunos para esperarlos, otros quizás no, pero se hace el trabajo para que regresen, muchos seguimos luchando, no nos hemos dado por vencidos. Seguimos aquí y no de rodillas, sino de pie, todos desgastados, ajados y rotos pero de pie.

Gracias por leerme este insomnio de los tantos que hoy dejo escrito…

Todavía no amanece.

Rosa Maria Moreno.

 

5ce03d17834c642f51f4757d3ed56852