No somos aire.

No soy el aire, como dice una canción, no soy necesaria o indispensable, estaré siempre que quieras a tu lado y me verás desaparecer en el momento que sienta que no te interesa mi presencia o que ya no necesitas de mi.

Aprender a amarse es no quedarse dónde no se es querido, en dónde sientes que no haces falta, dónde pareciera que sobras.

Una relación (cualquiera que sea) es de ida y vuelta, es reciproca, cuando esto no sucede no se puede llamar amistad.

Se necesita mantener vivas las relaciones, un gramo de arena no hace una montaña, una relación que no se alimenta muere desde el principio de inanición, se muere cuando faltan palabras, cariños, abrazos, empatía y la compañía tan necesaria en los momentos complicados.

Si no estás en los momentos críticos entonces no mereces estar en los buenos. Así de sencillo.

Respetar al otro como base que somos seres humanos, por lo tanto, seres sociales por naturaleza, una relación conlleva respeto, solidaridad, llevar la fiesta en paz y ser agradecidos.

Estaré contigo siempre y cuando estés conmigo.

Reciprocidad lo llaman.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y entonces nos llega el otoño…

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Y entonces nos llegó el otoño…

Así decimos cuando asumimos nuestra madurez. Nos vemos en el espejo y cada día nuestras canas son más, las arrugas en nuestra frente y las paticas de gallina alrededor de los ojos, las inconfundibles ojeras y la piel ya no tan juvenil, entonces decides que también te ves bien así, y te sientes bien… y allí comienza el Otoño de la vida.

Necesario es cambiar y adaptarse a esta etapa, los árboles  cambian sus hojas para tener unas nuevas, Bueno así debe pasar con nosotros. Reconstruirnos para mejorar . Llega el momento que te despojas de lo banal.

Leí un poema Zen que nos dice: “Los árboles meditan en Invierno, gracias a ello, florecen en Primavera, dan sombra y frutos en el Verano y se despojan de los superfluo en el Otoño” 

Solo es eso, una etapa más y cada uno la lleva dependiendo de sus nubarrones, incertidumbres, fallas, temores, ansiedades, enfermedades y la felicidad que a bien tenga, ahora sin afanes y sin premuras … como vaya viniendo vamos viendo.

Dicen que después de la tormenta viene la calma y estoy convencida de ello. Es más la tormenta es necesaria.

No tengo prisas ahora, en esta etapa no solemos enraizarnos y ponderamos lo que realmente tiene que quedarse y estar en nuestras vidas, lo que nos hace bien, lo que nos ayuda, y nos da tranquilidad.

Ahora me caigo por andar corriendo… así que mejor aminoro la marcha o dejaré todo en el camino.

El panorama no está claro, seguimos dentro de la misma tormenta, luchando por cada día, por lo menos a los Venezolanos se nos hace terriblemente difícil, aun así creo poder sobrellevarlo… lo necesito y es lo que quiero.

Me encanta esa paz sosegada que trae el otoño a nuestras vidas,  aunque yo no podría ponerle un lugar a esta etapa, solo es un paso más, momento de cordura, de serenidad, de buscar los momentos tibios y perfectos.

Ya no me inquieto, cuantas cosas he aprendido este año, hace meses no sé lo que es un celular antes era como mi vida, mis redes sociales ahora son distracción y lectura no compañía.

Aprendí a quererme porque descubrí que no lo hacía, y ahora me siento súper bien conmigo misma. Cuando uno se acepta y se quiere recibe lo mismo de su alrededor. Es real que cuando tú te ves bien y te quieres, todos te ven igual. Autoestima.

” Uno certifica estar en el otoño dorado de su existencia cuando vive de forma espiritual sin importarle para nada todo aquello que tenemos dejar en nuestra partida. Es como una especie de comprensión interior, una forma de perdonarnos a nosotros mismos por todos los errores cometidos y, a partir de ese momento, a vivir la vida como si fuera el último día de nuestra existencia”. Pla ventura

Creo que mi aventura de vida ha sido muy buena y hasta ahora todo ha valido la pena.

Sonrío con complacencia, aún claro está tengo proyectos, ambiciones, sueños, afanes, amores, ahora y a pesar de todo es que tengo fuerzas para continuar… Flor de la vida que llaman.

Esta Señora de las cuatro décadas y un poquito más, decide vivir esta etapa lo mejor que pueda y así será…  Decretado… el paso de los años es inexorable, nadie lo puede detener, por tanto, entrados en el otoño de la vida se certifica haber vivido, es gozo para nuestro ser.

Mi vida marcha al ritmo que le impongo… No compito, no quiero hacerlo, no lo necesito.

Lo que tenga que llegar a mi vida llegará, en el lugar y momento indicado… Señor que se haga tu voluntad y no la mía.

La vida son como las estaciones, cada una tiene una cara que darnos y de cada una tomamos los que nos da: son esas lecciones de la vida las que engrandecen a los sensibles y empequeñecen a los miserables. Aniester

Ahora “no hay afanes que nos torturen, ni tampoco ambiciones que nos deslumbren. Ahora, un abrazo nos reconforta ; una sonrisa nos alegra el alma; un amigo nos ayuda a vivir; y si tenemos salud sabemos comprender que somos esencialmente ricos.

Esta es la diferencia que podemos encontrar desde la primavera ilusionante en que vivimos, al otoño donde hemos logrado la paz que andábamos buscando en nuestra errante vida”. Pla Ventura

Les abrazo  y les escribo con cariño desde esta tierra hermosa, llena de esperanzas, aunque se las quieran arrebatar, tierra de sueños, tierra de anhelos. Su amiga de siempre @rosmarymoreno.

 

P.D

Aún sigo enferma pero ya mejorando, aún me duelen las manos y el brazo izquierdo, y esos dolores en el cuerpo nada normales que da el virus, pero sé que con el favor de mi creador me sentiré mejor. Para los que todos los días me preguntan , estaré bien, porque estoy haciendo todo lo posible para estarlo.

Mil bendiciones a ti que me lees. Ten un excelente mes de Octubre y que cuando llegue tu Otoño espero que tengas unas raíces hermosas y luego te llenes de las más hermosas hojas nunca antes vistas. Se les quiere. Besitos

 

 

 

 

A veces es mejor callar

 

Recuerden la frase : De lo que no puedo hablar tengo la obligación de callarme.
Ludwing Wittgentein.
He decidido muchas veces guardar silencio, quizás sea lo mejor, cuando siento que no se está siendo del todo sincero, es preferible alejarse y esperar que las aguas se calmen.
 
 
Le pido disculpas a aquellos a quienes le incomoda mi silencio. No sé si será permanente, pero es necesario.
 
Cuando no sé es franco, como se puede pedir sinceridad, en mi lugar prefiero alejarme y no herir con palabras que luego no pueda recoger, si conoces tanto a una persona ¿cómo puedes dejarte llevar por chismes y malos comentarios, simplemente forjados para que las personas se alejen?
 
Cuando uno no cree o no confía, lo mejor es alejarse, porque la confianza ya se perdió, además estaría siendo poco honrado quedarse y seguir como si nada, quien es uno para saber cuál es la verdad y cuál  es la mentira, creo que si no tuviéramos pecados podríamos hacerlo y lavarnos las manos como Poncio Pilatos.
 
En mi opinión personal lo malo y lo feo es quedarse hurgando en la herida, royendo como un ratón, escarbando, reavivando y despertando el dolor ajeno, abriéndola más.
 
Seguir hundiendo a las personas en el lodo no está bien, cada quien es responsable de sus acciones, debemos respetar y respetarnos.
Querernos un poco y rendirle homenaje a los mejores recuerdos, no estar dejando estelas de rabia, odio, egoísmo y envidia por la vida, todo en esta vida se paga, aquí o más allá. Yo le dejo a mi creador todo en sus manos… (Tremendo problema) que sea él quien me juzgue.
 
 
El silencio no asfixia, el silencio permite entrar en diálogo directo con uno mismo e invita a la reflexión. En el silencio propio no hay mentiras ni engaños, todo está claro y genera un mejor entendimiento del poder que tiene la palabra.B.
 
El cuento de los tres tamices viene bien a este escrito:  
 

En cierta ocasión, una niña que estaba jugando con sus amiguitas entró corriendo a casa y dirigiéndose a su madre con excitado acento, le dijo:

–          ¡Ay mamá si supieras lo que dicen de Teresa ¡ me acaban de contar que …

–          Espera, hija; espera – interrumpió la madre- Antes de decírmelo, escúchame bien. ¿Has hecho  pasar lo que te han contado de tu amiguita por los tres tamices?

–          ¿Tamices?  ¿de qué  tres tamices me hablas mamá?

–          Verás; el primer tamiz se llama Verdad.  ¿Sabes si es cierto lo que vas a decir?

–          No sé, realmente…   Pero Luisa me contó que María le dijo a Juana que Teresa

–          ¡Basta , basta¡ Eso da demasiadas vueltas.  Ahora,  con respecto al segundo tamiz, se llama Benevolencia  ¿es benévolo lo que vas a decir?

–          Es verdad Mamá… No,  no lo creo.

–          En cuanto al tercer tamiz, se llama Necesidad. ¿Es necesario que cuentes lo que  te han dicho de tu amiga?

–          No mamá, no es necesario que lo repita.

–          ¿De modo que lo que ibas a decir no es Necesario, ni benévolo , y quizás tampoco era cierto? En tal caso hija mía ¿No te parece mejor que lo calles?

 
 
Bendito sea el hombre que no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrárnoslo con sus palabras. George Eliot .
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