La enmarañada tela que tejemos

No somos arañas por eso nos enredamos entre nuestros propios hilos.

Dicen que es apocalipsis, final de todo y comienzo de algo. Aquí hace rato, cada quien vive su propio apocalipsis. “ Tu apocalipsis puede no resultar el apocalipsis de otro”

Todos nos volcamos en algún momento a ayudar a  personas, donamos comida, ropa, zapatos, pero no nos acordamos de algo esencial: los artículos de limpieza, no me imaginé lo importante que era eso hasta que tuve que pasar por la encrucijada de: “comer o echarme champú en el cabello”, que importante es el aseo personal.

He leído a mucha gente decir: “no importa que sean pobres, pero por lo menos que se mantengan limpios” ¿Saben lo que tienen que dejar de comprar para hacerse con un jabón de olor? He pensado mucho en las personas en situación de calle, o ínfima pobreza en estos días, ahora lo entendí.

Los productos “económicos” son un engaño, malaya sea con el estafador que se ciñe de la desgracia ajena para obtener sus ganancias, ahora tampoco se salvan los productos de mayor precio, algunos ni cumplen con las normas esenciales para su costo. Productos de mala calidad, jabones que no limpian ni los malos pensamientos, cloros que no aclaran pero ni las dudas, y pastas dentales que amarillean dientes y lengua. En todo caso, ahora, ni para esos productos alcanza.

No, no conocía la pobreza, mis padres se empeñaron que no me faltara nada y luego seguí su ejemplo, mi madre la conoció y siempre nos contaba cómo iba la cosa, pero escuchar contar sobre ella y vivirlo es otra. “Pobreza” que susto cierto, no la nombres me dicen… bueno existe, hay millones de personas en esa situación de vida, y los que ahora por pandemia y otros asuntos políticos, tenemos el desagrado de conocerla.

No es parte de mí vivir en ella, fui criada para seguir intentando por todos los medios crecer, mis padres nunca se ha dado por vencidos. Nos han enseñado a trabajar y buscar el sustento de la mejor manera posible, sin dañar, ni estafar a nadie.

A lo que iba, he comprado champú y cada uno más malo que el otro, me han engañado porque soy cegata y no veo bien a la hora de revisar , se han vuelto extremadamente ágil para clonar los de mejor calidad, y hay que saber bien dónde está la diferencia, eso ya es una gran molestia, malos seres, indignos de estar en esta vida, se hacen ricos con la desgracia ajena, los hacen con sábila, alcohol y algo de olor, que por supuesto comprenderán a que huele, (arrugo la nariz)

Con el cloro y los artículos de limpieza pasa igual , pura agua con color y un poquito de esencia. Siempre me preguntaba porque algunos lugares huelen así.

Tengo un sentido de olfato que creo que es el que tengo más agilizado, siempre que entro a un lugar queda grabado en mi sus olores, pues conozco el de la pobreza y no me gusta, ahora lo entendí…  Resulta que si no tienes dinero suficiente, todo es de mala calidad y es allí donde radica el problema, entiendo que la calidad cuesta, pero por lo menos hacer algo que limpie y huela bien, en estos días he usado unos jabones de avena que son una delicia y no son tan caros, porque todavía queda gente decente en esta vida y no quiere dañar al prójimo, ni estafar. Esos siempre tendrán venta y gente que los siga.

Los otros jabones que ahora nos venden con muchos colores, solo dañan la piel y son extremadamente ácidos, y por el Covid 19 están causando graves daños a las personas sensibles, que ni culpa tienen de no tener dinero para comprar algo más decente.

Siempre tuve temor a la pobreza, bendito sea Dios y esta desgracia de régimen que vino a mostrarme ese camino de una manera avasalladora, sin agua, sin gas, sin productos de limpieza para cuando llega el agua cada 20 días lavar, entonces enjuagas con “jabón azul” que tampoco es el mismo, es una imitación barata, ácida que deja un olor a perro remojado que aunque enjuagues bien queda y que cuando sudas debes quitarte inmediatamente la ropa, saben dicen que el infierno no existe , yo digo que está acá en la tierra y se vive sobre todo en los regímenes totalitarios.

 Si algún día vas a ayudar a personas en  situación de pobreza acuérdate del  jabón, champú, detergente, pasta dental, papel, cualquiera de esas cosas, no sabes cómo van agradecer que les regales un poco de dignidad, además de comida.

Un corte de cabello, un baño con mucha agua y jabón, un poquito de champú, obran milagros, por eso ahora siempre ando con una tijera en el bolso, y el que quiera pues le regalo un corte, que aunque no se mucho, por lo menos no los dejo pelones. Me he vuelto la peluquera oficial de mi familia.

Nos roban la dignidad descaradamente quitándonos nuestra manera de ser, que estar limpios, pulcros, olorosos y bien arregladitos.

Ayer me eché un enjuague delicioso en el cabello y no saben lo que sentí. Me gusta mi jabón de avena o de niño, me gusta oler bien y lo que se siente no tenerlo es tan horrible como si te falta una arepita en las mañanas.

Nos han puesto a debatirnos entre comer y oler bien.  Me he quitado algunos desayunos y cenas,  pero el jabón y la limpieza no me debe faltar, pero está costando tanto.

La limpieza tiene importancia, no podemos excluirla a la hora de avanzar.

“La pobreza no es romántica, no es épica, no hace mejores ni más dignas a las personas. No te creas ese verso estúpido de los que te quieren pobre para siempre” Pablo Krantz

Posdata: Me despido no sin antes decirte que si has perdido a alguien, lo siento mucho, estamos perdiendo familiares y amigos, seguramente podrías estar enfermos  en este momento, si eso pasa, te abrazo fuerte. Cuídate, ánimo, paciencia, a este enemigo se le vence cuidándonos. Duele lo que está sucediendo, todos los días lloro por cada persona que nos deja, sobre todo por el personal de salud y limpieza de los hospitales y clínicas, rezo por su eterno descanso, por los que nos quedamos y por los que están enfermos.

Ayudemos a otros.  Siempre habrá alguna manera.

Siento miedo.¿Pero dime tú, quién no siente miedo?

Estos monstruos cada día se hacen más grandes, sigo escalando para que no me alcancen y  roben mi vida… Rosa María

Me declaro en huelga de Miguel Benavent

 

Me declaro en huelga contra…

los que deciden por mí si debo o no vivir o trabajar,

los que hablan por mí sin escucharme,

los que piensan por mí sin pensar ellos mismos,

los que opinan por mí sin tener su propia opinión,

los que dicen ayudarme y solo se ayudan a ellos mismos.

Me declaro en huelga contra…

los que me dicen por qué, cuándo, cómo y por quién he de sufrir,

los que me contaron de qué iba la vida sin antes haber aprendido a vivir,

los que intentan provocarme miedo en vez de animarme a amar,

los que buscan a cualquier precio la compañía sin atreverse a disfrutar de la soledad,

los que llaman amor a cualquier cosa,

los que no tienen valor de ser ellos mismos y sentir,

los que hablan de mi verdad sin conocerme,

los que hacen que este mundo nuestro sea incómodo, injusto e insolidario,

los que en aras del progreso esclavizan a las personas y destruyen la Naturaleza que nos acoge,

los que imponen a la fuerza su propia opinión,

los que se atreven a juzgar a los demás por no ser como ellos,

los que hacen discursos sin creérselos ni aplicárselos a ellos mismos,

los que intentan aplacar mi rebeldía,

los que viven una vida ajena y complaciente sin siquiera cuestionársela ni mejorarla,

los que ríen solo desde fuera sin sentirse alegres en su interior,

los que dicen ser felices resignados a su infelicidad,

los que no ven en mis fortalezas y debilidades las suyas propias,

los que delegan su responsabilidad en los demás con la coartada de amarles,

los que ni siquiera se dejan ayudar,

los que solo dicen palabras sin tener el valor de callar,

los que dicen quererte sin siquiera quererse ellos mismos antes,

los que tienen miedo ante mi manera personal de pensar, sentir o vivir porque les recuerda lo que ellos no han tenido el valor de lograr,

los que aman a gritos y con ostentación porque aún no saben amar de verdad, para siempre y en silencio.

Me declaro a favor…

de mí y de mi derecho inapelable a pensar, sentir y hacer por mí mismo sin renunciar,

de mi singular manera de respetar, entender y amar sin imponerlo a los demás,

de un mundo nuevo que debe cambiar para ser más justo, solidario y humano,

de mi oportunidad única de aprender a vivir aunque para ello a ratos tenga que sufrir,

de la Naturaleza que nos enseña a cada instante cómo vivir más y mejor,

de sentir alegría y pena a ratos aunque ya siempre sea con sentido,

de mi derecho a vivir y a morir en paz,

de mi firme propósito conmigo mismo, con mi Alma y contigo,

de vivir, amar y compartir para siempre mis momentos de felicidad y de infelicidad, con amor.

(Miguel Benavent)