Te amo infancia.

Te amo, infancia, te amo,
porque aún me guardas un césped con cabras,
tardes con cielos de cometas
y racimos de frutos en los pasados ramajes.

Te amo, infancia, te amo
porque me regalas la lluvia
que hace crecer los riachuelos de mi aldea,
porque le diste a mis ojos un arcoiris sobre las colinas.

¿Aún existen los naranjos
que plantó mi padre en el patio de la casa,
el horno donde mi madre hacía el pan
y doradas roscas con azúcar y canela?

¿Recuerdas nuestro perro que jugando
me mordía las piernas y las manos?
Nacían puntos de sangre, un pequeño dolor,
pero todo pasaba pronto con el sabor de las guayabas,

Te amo, infancia, te amo
porque eras pobre como un juguete campesino,
porque traías los Reyes Magos por la ventana.

Un día llevaste a la puerta de mi casa
un hombre de barba que hacía bailar un oso a golpes de
tambor,
y otro día le dijiste a mi padre que me regalara un asno
negro.

¿Recuerdas que tú y yo lo bañábamos en el río?
¿Recuerdas que había una penumbra de bambú y helecho?

Te amo, infancia, te amo
porque me ponías triste cuando estaba enfermo,
cuando mi madre me hablaba de su tierra lejana.

¿Recuerdas? Una vez me mostraste un eclipse a las diez de
la mañana
y las aves volvieron a dormir.

¿Existe aún aquel niño sin parientes
que un día bajó de la montaña
y me pidió el pan que yo comía en la plaza de la aldea?

Te amo, infancia, te amo
porque me regalaste mi aldea con su torre,
y sus días de fiesta con toros y jinetes y cintas
y globos de papel y guitarras campesinas
que encendían las primeras estrellas más allá de los árboles.

Te amo, infancia, te amo
porque te recuerdo a cada instante,
en el comienzo del día y en la caída de la noche,
en el sabor del pan,
en el juego de mis hijos,
en las horas duras de mis pasos,
en la lejanía de mi madre
que está hecha a tu imagen y semejanza
en la proximidad de mis huesos.

Vicente Gerbasi

Poeta Venezolano

Como árboles

 

Quién hubiera dicho que estos poemas de otros, iban a ser míos.

Después de todo hay hombres que no fui y sin embargo quise ser.

Si no por una vida al menos por un rato o por un parpadeo.

 

En cambio hay hombres que fui y ya no soy ni puedo ser, y esto no siempre es un avance,

a veces es una tristeza.

Hay deseos profundos y nonatos que prolongué como coordenadas,

hay fantasías que me prometí y desgraciadamente no he cumplido, y otras

que me cumplí sin prometérmelas.

 

Hay rostros de verdad, que alumbraron mis fábulas, rostros que no vi más pero

siguieron vigilándome desde la letra en que los puse.

Hay fantasmas de carne otros de hueso, también hay los de lumbre y corazón

o sea, cuerpos en pena almas en júbilo que vi o toqué o simplemente puse

a secar, a vivir, a gozar, a morirse, pero además está lo que advertí de lejos

 

Yo también escuché una paloma que era de otros diluvios,

yo también destrocé un paraíso que era de otras infancias,

yo también gemí un sueño que era de otros amores,

Así pues, desde este misterioso confín de la existencia

los otros me ampararon como árboles, con nidos o sin nidos

poco importa, no me dieron envidia sino frutos, esos otros están

aquí.

 

Sus poemas son mentiras de a puño, son verdades piadosas.

Están aquí, rodeándome, juzgándome, con las pobres palabras que les di.

Hombres que miran tierra y cielo a través de la niebla o sin sus anteojos,

también a mí me miran con la pobre mirada que les di.

 

Son otros que están fuera de mi reino, claro, pero además estoy en ellos, a veces tienen lo

que nunca tuve a veces aman lo que quise amar, a veces odian lo que estoy odiando,

de pronto me parecen lejanos, tan remotos, que me dan vértigo y melancolía,

y los veo minados por un duelo sin llanto, y otras veces en cambio, los presiento tan

cerca que miro por sus ojos y toco por sus manos, y cuando odian me alegro de su

rencor, y cuando aman me arrimo a su alegría

 

Quién hubiera dicho que estos poemas míos iban a ser de otros.

 

Mario Benedetti – Poemas de otros.