¿Qué pasaría?

¿Qué pasaría si al germinar la semilla el pequeño brote tuviera miedo al ver la luz del sol y se escondiera bajo la tierra? Es probable que nunca desarrolle su tallo ni pueda florecer, pero la naturaleza es osada, corre riesgos y el pequeño brote se aventura en la nueva experiencia de vivir bajo los rayos del sol recibiendo la brisa, la lluvia, el viento, el sol, a veces abrasante, y la constante visita de minúsculos insectos.

Desgraciadamente no podemos decir lo mismo de la raza humana, somos naturaleza, pero lo olvidamos en algún momento porque la osadía no aparece por ningún lado y jugamos a tener todo bajo control porque no nos gustan las sorpresas. Podemos predecir que un niño se transformará en adulto pero como lo hará, como serán esos instantes que lo llevan a la adultez es lo que hace interesante su crecimiento. Lo mismo sucede con la semilla, sabemos que será una flor, pero como será su color, la textura de sus pétalos, su aroma y el tiempo que nos acompañará no podemos predecir los detalles de la vida de cada uno. Y esa es lo más maravilloso que tiene la vida: Que nos sorprende a cada momento.

Crecer es atreverse… Osar… Lanzarse en esta aventura llamada vida… Gozar de ese ir abriendo una puerta nueva cada día… Vivir esperando la sorpresa. El gran regalo que nos ofrece la vida es la capacidad de sorprendernos día a día y nosotros rechazamos el obsequio por planificar todos los acontecimientos y convertirnos en controladores del tiempo.

Creemos ser felices poniendo orden a los sucesos de cada día y es así como impedimos el fluir de forma natural. Todo se programa, desde el nacimiento hasta la muerte… y en ese intertanto ¿Qué hubo? No se podría decir que vida porque la vida es algo que fluye como las aguas de un río y nosotros vivimos como las aguas de un pantano y así nos vamos descomponiendo… Perdemos el lazo que nos unía a la divinidad. Crecer es arriesgar, dejar morir la semilla para que nazca el brote y dejar morir el brote para dar paso a la planta y así al fruto para volver a ser semilla… Eso es crecer.

Alza tus brazos como ramas hasta el cielo y déjate acariciar por el Sol.

Empápate de lluvia y ensúciate comiendo un helado.

Permítete una desilusión por confiar en los otros.

Date permiso para olvidar a ese amor que no te quiso bien, pero atrévete a amar.

No seas una semilla oculta bajo la tierra porque no se atreve a salir a la luz.

Solo Crece.

Manuel Vallejo Andreu

Entonces Mar y Luna

 

Entonces Mar: 

Va desde un azul intenso hasta llegar a verde, tan suave que tranquiliza, relaja, produce serenidad, cuando está en calma es muy fácil respirar paz en él.

Abraza con sus olas y con la furia de sus vientos contrapuestos, tiene magia, misterios, hermosos colores y un ronroneo incesante, esa música que producen sus olas, ¡ellas van, vienen, van, vienen, van y vienen!  chocan contra las rocas y  producen ese sonido que el viento utiliza para arrullar y adormecer.

Cuando llega, besa las arenas, esas que arrastra todo el día y la noche hacia la orilla y luego ella esperan  pacientes y recelosas que el mar las vaya a buscar para llevarlas de nuevo hacia mar adentro.

¡Huele a salitre, a brisa marina, huele a ese olor indefinido que tanto identifica los aires marineros! ¡Huele!

El mar se acompaña de hermosas nubes, cuando  Mar y Cielo se juntan producen una constelación  azules que da gusto. ¡Porque es que Mar y cielo se parecen en su infinitud!

En sus aguas bancos de peces nadan, en su cielo muchas aves: como las gaviotas y pelícanos, vuelan sin cesar en torno a él buscando alimentos.

A veces aguas transparentes a veces turbias, a veces ni se sabe. A veces solo es un compendio de aguas revueltas.

Algunos conocemos la despiadada inocencia del mar, él puede estar muy tranquilo y de repente sube su marea , se vuelve violento, fuerte, misterioso, el avasalla y actúa llevándose todo, arrastrando todo, ahogando lo que tenga dentro de sí, a veces estalla con fuerza con furia hasta dejarlo exhausto y muchas veces sin vida.

El mar… ¡Ese mar que agobia, que encanta, que tranquiliza, que sube y baja, cautivador, ese mar que seduce a todo el que lo mira, trastorna los sentidos y provoca!

¡Ese mar!

Entonces Luna:

Luna: Señora que sucumbe, dueña de la noche y de las mareas, enloquecedora de los hombres, amante del Sol y ladrona de su luz,  exquisita, romántica, taciturna, caprichosa, musa de los poetas, del amor y del alma.

Apareces en el cielo y todos voltean a verte, brillante en tu soledad, aunque acompañada de luceros y estrellas que hacen que tu belleza sea superior.

Causante de delirios y locuras con la energía que emana, a veces hasta parece que sonríe, otras que está triste, a veces solo está presente para ser observada, taciturna, callada , silenciosa, invisible.

Siempre acompañando a esos seres que en la tierra la alaban y admiran, que le escriben canciones, poemas, la llenan de halagos, es una musa para fotografiar y pintar

Señora de la Noche, dueña de la vida.

¡Tan bella Luna! ¡Diosa de la naturaleza, ella se asoma y el sol la cubre, ella se apodera de su Luz!

¡Cuántos suspiros te robas, Luna, cuántos amores gracias a ti, cuantos amantes al ver la luna se transportan en recuerdos!

Luna Señora de reencuentros

¡Esa Luna!

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Luna y mar se encuentran, ella con su poder y su influencia lo atrae, y mira que es grande el efecto que ella causa sobre él.

Ella logra que sus mareas bajen o suban, que se tranquilice o se enfurezca  y su atracción dependerá que tan cerca o lejos estén, ella se esconde en él cada mañana cuando está cansada de tanto brillar de noche, el la arrulla, la calma y la hace descansar.

Mar siempre pendiente de luna. Luna descansa en el mar y cada amanecer la vemos bajar a sus aguas, pero sabemos que ella es amante del Sol y espera cada eclipse para conjugarse con él. Cuenta la leyenda. RM

Como diría un twittero por alli, Gracias a mis cinco lectores por regresar de nuevo y leer mis monstruitos.

Besos @rosmarymoreno